Los intereses económicos amenazan el río Otún

El río Otún es la única cuenca de la que se alimenta el acueducto de Pereira para surtir a los hogares de agua potable. Hoy esta cuenca enfrenta un grave problema: sus aguas reciben residuos contaminantes provenientes de las granjas y cultivos de la región.

Por: Sara Gaviria Piedrahíta y Mariana Montoya Rodas

traslacoladelarata@gmail.com

El río Otún inicia sus 78 kilómetros de recorrido en la Laguna del Otún, y desde su nacimiento se ve afectado por la pérdida de vegetación en sus orillas, el pastoreo de ganado, la tala de árboles y los cultivos de papa. Según Bernardo Flórez, trabajador de Aguas y Aguas de Pereira, en la cuenca alta del río y habitante de la zona, estos factores pueden provocar disminución del caudal del río, pero son controlables, pues se ha llegado a acuerdos con los habitantes de la zona y se han ido cambiando algunas costumbres campesinas que afectaban la cuenca y el medio ambiente. Según Mauricio Ramírez, jefe de prensa de Aguas y Aguas, todo está bajo control.

Más adelante, la cuenca media atraviesa el corregimiento de La Florida, zona rural de Pereira, allí los problemas provienen de un turismo mal manejado, basuras, alcantarillados incompletos, y las granjas de crianza de animales.

El caso de la porcícola Bella Vista

La porcícola Bella Vista, ubicada en la vereda La María (La Florida) funciona desde marzo de 1986 y desde su primera visita por parte de la CAR de Risaralda (Carder) hubo evidencias de mal manejo. No tenía pozos estercoleros, bodegas de almacenamiento, ni sistemas de tratamiento de desechos líquidos. Además, el destino final de los residuos era el río Otún y la porícola no contaba con el Permiso Provisional de Vertimiento.

Ante el mal manejo, la comunidad se ha quejado, la Carder ha multado a la porícola y la Fiscalía General de la Nación adelantó una investigación por el delito de contaminación ambiental que no se concluyó. Ante el incumplimiento a los llamados de atención, ha habido dos órdenes de cierre de la granja, una en 1993 y la más reciente en el 2007, que finalmente fue revocada.

“Nuestro clamor es para que se tomen medidas correctivas y se suspenda definitivamente ese vertimiento cuyo fuerte olor es percibido diariamente por los habitantes”, dice Zoraida Ramírez Mejía, habitante de la vereda Puente Albán, cerca de La Florida. La granja hace vertimientos a la quebrada La Cristalina, afluente del río Otún, única fuente de aguas potable para Pereira y Dosquebradas. La Carder exige un sistema de tratamiento para las aguas residuales. “Ellos tienen un biodigestor que les exige la Carder, yo lo visité hace poco y está obsoleto, tiene 20 metros de largo por 1,5 metros de profundidad y está repleto en su totalidad de estiércol, es un sistema que no sirve y el agua está arrastrándose directamente hacia el río. Están vertiendo al agua directamente todo lo que se produce”, dice Óscar Naranjo, técnico en gestión de recursos naturales que conoce la granja.

Una visita de inspección hecha por la Carder en abril 2010 confirmó el manejo inadecuado del que se quejan los vecinos de la porcícola. El concepto técnico de la visita señala que no se cumple el plan de fertilización aprobado, que dispone de manera inadecuada los residuos generados durante la actividad pecuaria y que el número real de cerdos supera en 270 los registrados. Una visita posterior señaló los mismos problemas.

El caso de la granja avícola Villa Esther (o Bellavista)

La granja Avícola Villa Esther -también llamada Granja Avícola Bellavista- existía desde antes del acuerdo 036 de 1987, en el que se prohíbe toda nueva construcción con destino a vivienda, alojamiento y sostenimiento de animales en confinamiento. Sin embargo, una vez pasó a ser propiedad de la familia Zapata, en 2010, se iniciaron construcciones que fueron presentadas a la curaduría urbana como remodelaciones.

La Curaduría Primera le concedió en septiembre del 2010 un permiso para una reparación locativa. Según la Ley 810 de 2003, “se entiende por reparaciones o mejoras locativas aquellas obras que tienen como finalidad mantener el inmueble (…) sin afectar su estructura portante, su distribución interior, sus características funcionales, formales y o volumétricas…” (Ver Artículo 8).

Pero la granja pasó de tener una capacidad de 13 mil a tener capacidad para 45 mil animales, según dice su dueño, Andrés Orrego Zapata. Sin embargo, la visita realizada por el curador, Luis Fernando Montes Posada, muestra una amplia construcción, donde según un antiguo trabajador de Zar Huevo, conocedor del funcionamiento la granja, pueden albergar hasta 180 mil aves.

Orrego Zapata, propietario de los galpones, asegura que es una granja biosegura, con certificados del ICA y registro de Fenavi. Sobre la “ampliación”, dice que ellos tenían pensado hacer unas mejoras, y para ello contaban con la licencia para reparaciones locativas otorgada por la Curaduría Primera. Sin embargo, dice Orrego Zapata, “al ver que esta granja estaba totalmente podrida, lo que se determinó fue demolerla toda y mejorarla”.

Olga Lucía Monsalve, abogada de la Curaduría, responde: “Yo quiero que se tenga claro que la Curaduría Primera de Pereira no ha dado ninguna licencia o permiso, en la curaduría no se ha licenciado nada”.

Aunque la vereda La Bananera (La Florida) aún no se ha visto afectada por la ampliación de la granja avícola, la comunidad teme que ocurra lo mismo que sucedió en el centro de La Florida, donde el confinamiento animal ha traído problemas como la proliferación de moscas, además de los vertimientos residuales que se hacen constantemente al río Otún, como ha ocurrido con la Porcícola Bella Vista, también propiedad de la sociedad Zapata Ramírez.

Más amenazas para el rio Otún

El río es además hogar de múltiples especies de flora y fauna que se refugian en él como patos, peces, garzas, osos perezosos, monos, y nutrias. Es un corredor de biodiversidad.

“Creo que este lugar debe ser más turístico que agropecuario, porque esta zona debe preservarse para la producción del agua de Pereira y el bien común debe primar sobre el bien privado y la explotación ambiental no puede ir en detrimento de una región”, comenta Iván Darío Mejía, representante de la ONG ambientalista Antahkarana.

Al hablar de cultivo de la cebolla característico de la región, Oscar Naranjo añade que “este cultivo no permite que crezcan malezas a su alrededor, y cada vez que llueve, el agua barre y se lleva todo eso al río y lo contamina. Esa gallinaza, mezclada con agroquímicos, contamina (…) aparte de eso se está desprotegiendo el suelo, lavando la tierra fértil de La Florida y está permitiendo que el agua se las lleve y ese suelo no se va a formar tan pronto, se necesitan por ahí unos 150 o 200 años para volver a tener una capa de suelo digna”.

Respecto a la nueva avícola, Carlos Andrés Ramírez -médico veterinario zootecnista y supervisor encargado de la granja- dice que las probabilidades de contaminación de una granja avícola son mínimas. “Como vemos no tenemos lixiviados, no va a haber generación de residuos líquidos, lo único es la generación de gallinaza principalmente, pero eso tiene un tratamiento de sanitación. Y la generación de mosca en una granja avícola es mínima”

Sin embargo, la resolución 519 de diciembre de 1991 dice que el “incremento poblacional pecuario y confinamiento, la diversificación agrícola de aprovechamiento intensivo (…) son componentes mayúsculos en la degradación del agua de una corriente socialmente aprovechable”.

¿Quién cuida el río?

La Alcaldía de Pereira y la Carder trabajan el proyecto del Parque Lineal del Río Otún “Línea de Vida”, cuya primera etapa está en construcción. En la cuenca media del río Otún se propone la creación del Parque Lineal (Ecoparque) Otún. Este proyecto contempla la identificación, reconocimiento y valoración del río Otún como patrimonio natural, busca su protección y conservación, y pretende dotar a la población local y a los visitantes de condiciones para la recreación y la educación para la sostenibilidad ambiental. Este proyecto nació a partir de un ejercicio académico conjunto la Universidad Católica de Pereira en los años 2006/2007. La iniciativa consiste en la construcción de andenes, vías peatonales, una ciclo ruta, miradores, paraderos de buses y un parque a lo largo del río Otún, como espacio para la recreación, el deporte y el mejoramiento de la calidad de vida tanto de sus vecinos como de la comunidad en general.

En cuanto al manejo de las aguas negras, se está desarrollando el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado. Es una obra que intenta tomar todas las aguas negras que salen de viviendas y barrios aledaños al Río Otún que se conducirán a una planta de tratamiento que se planea construir en Belmonte y donde se tratarán las aguas para así devolverlas más limpias al río Otún.

Si no se llevan a cabo proyectos de recuperación del río, no solo como fuente hidrográfica sino también como espacio público, este puede llegar a convertirse en un elemento de segregación social, pues según la socióloga Esperanza Hurtado, de la Universidad de Antioquia, al ser permisivos con las cuestiones ambientales y sanitarias, y que no haya mayor regulación por parte de autoridades, estos espacios pueden ser invadidos de manera inadecuada, generando más contaminación al no tener ningún tipo de apoyo ni capacitación.

En el río Otún, este proceso se ve entones en conflicto por intereses económicos y empresariales. Los Zapata son dueños de porcícolas, avícolas, cebollales, y del respeto de la comunidad. Humberto Zapata dice “¡Por favor! Déjenos que nosotros estamos haciendo tejido social”. Pero al preguntársele por cuestiones sanitarias, según la comunidad, ha dado siempre la misma repuesta: “es que mi mierda vale mucho”.

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Agua clorada no es agua potable

El mayor porcentaje de agua consumida en la zona rural de Pereira no es potable pues cuenta con sólo una de las cinco fases para la potabilización.

Por: Luis A. Candela Gómez

lucho.gomezz@hotmail.com

“El 70 por ciento del agua en Pereira no es potable en la zona rural. Sólo pasa por el proceso de clorificación, y el cloro no es un indicador total de que el agua sea potable”, asegura Fabio Salazar Villada, técnico administrativo de la Secretaría de Desarrollo Rural. El departamento de Risaralda cuenta con 55 acueductos encargados de brindar agua para consumo humano, de los cuales sólo el de Aguas & Aguas de Pereira la empresa encargada de brindar dicho servicio al área metropolitana, mientras que 54 de ellos rigen el área rural.

El agua, para ser potable, requiere un proceso que consta de cinco fases: floculación, coagulación, sedimentación, filtración y desinfección, también conocida ésta última como clorificación. Este proceso debe ser garantizado por la empresa prestadora del servicio.

Únicamente los acueductos rurales de Tribunas – Córcega, Acuacombia en Combia baja, Cestillal – El Diamante en el corregimiento de Altagracia, y Mundo Nuevo, son acueductos que cuentan un proceso adecuando y una estructura interna organizada, con propia planta, bocatoma, sistema de facturación, empleados y requerimientos legales, según Oscar Fernando Gómez, Gerente de la Empresa de Servicios de Acueducto (E.S.A) del corregimiento de Tribunas – Córcega y quien a su vez se desempeña como presidente de la Federación de Acueductos Agua Potable y Saneamiento Básico de Risaralda (Facoris).

Por su parte el acueducto de Tribunas – Córcega ha evolucionado satisfactoriamente, al punto de convertirse en una empresa triple A (Acueducto, Aseo y Alcantarillado), brindando un buen servicio a sus usuarios, según su presidente Oscar Fernando Gómez.

Los habitantes de éste corregimiento, como el caso de Jhon Deiber Martínez, quien se desempeña como administrador del bar Rincón de los Recuerdos, aseguran que la calidad del agua es muy buena, cristalina y brinda confianza para consumirla, y además que nunca ha escuchado comentarios sobre que algún habitante se haya enfermado por consumir agua del acueducto, “hasta yo mismo la tomo así cruda y nunca me ha pasado nada”.

Oscar Fernando Gómez, como presidente de Facoris, afirma que no existe una sola figura que maneje a todos los acueductos rurales del municipio, puesto que cada una de estas “empresas” se maneja independientemente. Sin embargo, la Alcaldía, por medio de sus diferentes secretarías, se encarga de que cada una de estas empresas brinde a sus usuarios un buen servicio de acueducto y alcantarillado.

El apoyo de las secretarías

La Alcaldía de Pereira es el eje encargado de garantizar el buen servicio de los acueductos rurales a través de tres secretarías, las cuales brindan el apoyo necesario para cada uno de las diferentes “empresas” prestadoras de servicio.

A través de recursos del municipio se brinda apoyo a 37 de los 54 acueductos rurales por medio de la Secretaría de Desarrollo Rural (SDR), los cuales deben poseen como mínimo una caseta de cloración donde se realiza el primer proceso para la purificación del agua. Es por esto que a 17 del total de los acueductos no se les brinda ayuda en cuanto al cloro, puesto que no poseen la suficiente infraestructura mínima requerida.

Por otro lado la Secretaría de Salud, por medio de Agua y Saneamiento, son los encargados de vigilar la calidad de la prestación del servicio de agua de acuerdo al decreto 1575 del 2007 del Ministerio de la Protección Social, quienes se encuentran además encabezados por el Ministerio de Medio Ambiente, el Instituto Nacional de Salud, el departamento de Risaralda y la red de laboratorios de Salud Pública, como la secretaría encargada de brindar asistencia técnica realizando muestras de agua dentro de la red de distribución.

Pero de acuerdo al mismo decreto, los usuarios son los responsables de la red interna que se tiene en sus hogares: tanque de almacenamiento, los grifos, el lavado, etc., según Jhon Jairo Quiceno, miembro de la Secretaría de Salud de Risaralda. “Los interesados en conocer los resultados de la calidad del agua son las empresas prestadoras de servicio. A ellos se les entrega una copia, y la Secretaría de Salud se queda con otra. En caso de que los riesgos sean altos, de acuerdo a los niveles de calidad se envía una copia al departamento, al alcalde, y a SDR quienes son los encargados de suministrar el cloro”, termina Quiceno.

Fallas en acueductos

A pocos kilómetros de Tribunas– Córcega, el acueducto de Caracol-El Rocío, presenta fallas en su sistema administrativo y una cartera morosa de 14 millones de pesos. Según su presidenta Janeth Murielya no se han capacitado al usuario sobre el pago del consumo de agua, estancando la realización de proyectos. “La política de la gente es que como el acueducto es comunitario, pagan cuando les da la gana”, asegura Muriel.

Pero a pesar de las dificultades de cartera morosa en el acueducto Caracol-El Rocío, la Secretaría de Salud se hace presente realizando las respectivas muestras de calidad que garantizan el buen servicio del agua, y si es apta para el consumo humano. Sin embargo, Muriel cree que se debe consultar a otra entidad, o laboratorio externo a la Secretaría de Salud para que también realice muestras y garantice que el agua es apta para su consumo, dado el caso que el balance que se obtenga por medio de la Secretaría resulte negativo.

Caracol – El Rocío hace parte de los 37 acueductos rurales a los cuales la Secretaría de Desarrollo Rural brinda apoyo en cuanto al cloro, pero este se llega a demorar hasta tres meses y no se cuenta con la debida planta de tratamiento que escasamente tiene una caseta de cloración.

Además de todo el agua es racionada y funciona sectorizada por 12 horas al día en distintos horarios, puesto que desde hace más de 20 años cuando se construyó el acueducto, se empleó tubería de cuatro pulgadas, cuando debió ser seis pulgadas para garantizar un servicio constante. “Pero a pesar de eso la gente ya está acostumbrada a recoger agua”, según Rubén Darío Bedoya, líder comunitario del barrio El Rocío alto.

Consumir agua clorada sin llevar un debido proceso de desinfección, según Álvaro Mondragón Cardona, Presidente de la Asociación de Sociedades Científicas de Estudiantes de Medicina de Colombia (Ascemcol), se tiene el riesgo de contraer enfermedades como hepatitis A, toxoplasmosis, cólera, giardiasis, además de infecciones por S

cherichia coli, rotavirus y Helycobacter pilory. Todas asociadas al consumo de agua clorada, o con agentes tóxicos que disminuyen su calidad.

La tabla anterior permite evidenciar los prestadores que presentan problemáticas asociadas a la calidad del agua destinada para consumo humano, y que pueden afectar la salud de sus suscriptores y usuarios. La calidad del agua depende de muchas variables, y por ello la articulación entre los prestadores del servicio de acueducto en zona rural y las entidades con competencia en el tema, debe estrecharse y consolidarse en el tiempo.

Proyectos

Diferentes acueductos rurales, como Asuacoflor, en el corregimiento de La Florida, de igual manera brinda a sus habitantes agua clorada, porque no tienen planta de tratamiento, sin embargo como entidad sin ánimo de lucro presentaron ante la Gobernación de Risaralda su proyecto para la construcción de la planta por un valor cercano a los 85 millones de pesos, la cual fue aprobada por el gobernador. Sin embargo no se ha empezado su elaboración, porque actualmente los predios donde se espera concretar dicho proyecto están en proceso de sucesión, aplazando así el comienzo de dicha obra que beneficiará a 184 familias suscriptoras a la empresa de servicios públicos. Habitantes del sector, como Nelcy Ramírez Guevara, comentan que la calidad del agua en La Florida es buena, excepto cuando llueve, puesto que el pantano corre hacia las tuberías haciendo que el agua para consumo de sus habitantes salga oscura.

Según Oscar Mauricio Marulanda, ingeniero ambiental de la Secretaría de Planeación, agua potable es un término bastante complejo, pues ésta requiere de un proceso de cinco fases que sólo se cumple en las grandes empresas prestadoras de servicios, mientras que en los pequeños acueductos no.“Cuando hablo de agua desinfectada es que solo tienen un tratamiento primario donde se agrega el cloro. Esas empresas únicamente desinfectan el agua, mas no la potabilizan”, afirma Marulanda.

La Secretaria de Planeación, articulada a la Unidad de Gestión Ambiental y de Servicios Públicos, en el área de los acueductos rurales, son las encargadas de brindar a las empresas prestadoras de servicios la plataforma técnica y administrativa requerida, con el fin de que operen su funcionamiento de la mejor manera, con cobertura, calidad y continuidad; además de velar el impacto ambiental generado en las bocatomas con el fin de brindar agua de calidad a los habitantes. Unidos con el Plan Departamental de Aguas (PDA) y la Secretaría de Salud, se encargan de vigilar a los usuarios en cuanto a cómo es el servicio que brindan las empresas y qué infraestructura tienen.

Actualmente la Alcaldía promueve la unificación de acueductos rurales, para que así estas pequeñas empresas se consoliden y puedan brindar a sus usuarios un mejor servicio.

Según Oscar Fernando Gómez, lo más viable para que los demás acueductos rurales puedan mejorar de alguna manera sus condiciones económicas y de prestación de servicios, sería que se agruparan a otros acueductos para que así fuesen autosuficientes y de esta manera prestar un buen servicio en el área rural.

Creo que en su debido momento las empresas que no estén realizando sus operaciones de la mejor manera, serán intervenidas por la Superintendencia de Servicios Públicos”, dice Gómez.

Pero a pesar de ello, es un proceso que no es fácil y se torna dispendioso, debido a que muchos habitantes se niegan a tener un medidor de agua en sus hogares para evitar más gastos, pero aún así, sí se puede lograr.