El tesoro perdido

Por: Andrea Ruiz Manrique – Andreitamanrique_@hotmail.com

“Tu bandera condensa en colores, heroísmo, carbón  y café y el oro que está en tus rincones, permitiendo en tu suelo crecer”

 III ESTROFA HIMNO QUINCHIA

Localizado al nororiente de Risaralda, exactamente a 105km de la ciudad de Pereira hay un pequeño rincón; uno de aquellos  de esperanza y olvido. Un rincón de largas faldas y casas viejas, de gente amable y trabajadora. Un rincón de casas abandonadas por el paso de la violencia, que aun  en sus muros guarda  el recuerdo de las Farc, paramilitares y todas aquellos que sin reparo alguno hicieron parte de múltiples masacres y desplazamientos, dejando huellas imborrables en las vidas de aquellos  habitantes, que más de una noche con temor y en silencio salieron de sus tierras dejándolo todo, huyéndole a la violencia y rindiéndose a ser olvidados por un gobierno sin memoria.

Este pequeño, pero dorado rincón de Risaralda se llama Quinchia, un municipio de 31.991 habitantes, custodiado por Rio sucio, Belén de Umbría, Anserma, Filadelfia y Guatica. Municipios que desde sus montañas vigilan lo que ocurre en este  rincón dorado de Risaralda.

Para llegar hasta este lugar privilegiado por la naturaleza solo se necesita dejar el miedo, tres horas de viaje desde Pereira, muchas curvas, pocos pesos y rendirse al placer que se siente conocer las montañas de Colombia. No se necesita un permiso ni nada parecido para pisar territorio dorado, no se necesita nada más para sumergirse en la aventura y en la cruda realidad de las minas de oro; las cuales se encuentran a las afueras de Quincha, exactamente a 80 minutos de viaje en moto, por carreteras que parecen pistas de moto cross; esto se vuelve parte de la aventura, será por esta misma razón que aun nadie las recuerda, ningún gobierno de turno se ha tomado la molestia de mejorar las vías por las que viaja el oro, carbón, arcilla y demás riquezas. Riquezas en medio de la pobreza y el olvido.

El mineral en las manos obtenido por la destruccion de la naturaleza

“Palabras sobran, promesas sobra, y mire usted, cumplimiento nada, la alcaldía no se ha preocupado nunca por esto, las carreteras entre mas malas como que mejor, va uno y se accidenta y quien le responde”  Con indignación y sosteniendo fuerte su moto para no caerse, dice Juan Carlos López, un mototaxista de piel morena y ojos un poco achinados, uno de los tantos  que ha visto  la muerte en las empinadas y rocosas carreteras que comunican a Quinchia con las minas de oro.

Cada roca se vuelve un reto, desde arriba se ve un paisaje maravilloso, cada kilometro   avanzado es uno más cerca del oro. Varias veredas se ven de paso, en ellas niños corriendo, juagando con gallinas y marranos, y quien lo creyera, su ropa no es la mejor y las casas no son la mansiones que se creería cuando están construidas sobre suelo de oro.

“El interés particular del gobierno siempre va a estar por encima de lo social y su comunidad, es un interés económico, nosotras para abajo y ellos para arriba, las multinacionales tiene todo el privilegio, ellos entran los dólares a Quinchia” afirma Roberto Lema Castro presidente asociación minera la soledad y defensor de la asamblea departamental minera, quien conoce la minería desde hace mas de 15 años y ha vivido los problemas e injusticias que tienen los pequeños mineros.

La moto sigue saltando, y Juan Carlos sigue hablando sobre su experiencia como minero, los riesgos y beneficios que este trabajo conlleva.

La minería de Quinchia es artesanal. La mayoría son pequeños mineros aproximadamente entre 800 y 1000 personas, llámese aluvión filón y barequeo. La minería filón es la que se hace sobre una roca, el aluvión se hace en terreno destapado y el barequeo en los ríos y quebradas. Estas personas, en su gran mayoría son trabajadores independientes y muy pocos cuentan con un seguro de vida o de salud, trabajan a la suerte, hoy no tal vez mañana si se les venga la montaña encima “Hoy tal vez no mañana si saco mas oro” expresión con la que finaliza más de uno su jornada de trabajo como Jorge Espinoza, quien se encarga de moler en la mina la Soledad y de excavar en su propia tierra esperando amanecer algún día con suerte y encontrar en su terreno una mina de oro y salir de la pobreza de un suelo dorado.

Ya han pasado un poco más de 80 minutos, los pies casi ni se sienten, la moto se detiene, pero no se ve nada. “Ahora hay que caminar, esta es la mina de Miraflores, hágale ahí pa´ bajo”. Dice Juan Carlos.

Con palo en mano y al estilo desafío se empieza a descender, de fondo el sonido de un rio y las hojas de los arboles que se balancean con el viento, desde el camino ya empiezan a resurgir historias.

Olver Guapacha Clavijo vive en la vereda Juan Tapao con su esposa y sus 5 hijos. Inicialmente trabajaba agricultura pero ahora a sus 34 años es minero, tomó la decisión de ser  minero ya que pasaba por un problema económico muy duro, “me pagaban 60 mil pesos semanalmente y no me alcanzaba para mantener a mi familia es imposible vivir, lo hice por mis hijos”.

La vida de un minero en las entrañas de la tierra aparte del barro es la ilusión de sacar oro, su única compañía es un martillo, un cincel  y la ilusión siempre presente de encontrar buenas cantidades de oro.

Al llegar al socavón, se esperaría encontrar la gran empresa, una locación gigante y maquinaria de punta; pero la realidad es otra “Vivimos en pobreza gracias al estado, no hay ayudas para nosotros, los pequeños mineros,  cuando solicitamos un permiso y un titulo minero para explotar, nos toca  esperan 5 años o más, mientras que  las multinacionales llegan con sus permisos y títulos de un día para otro ¿esto cómo se llama?” dice Roberto Lema.

¿Cómo se llama esto?, aun no está claro, ni la Alcaldía de Quinchia tiene conocimiento de los trámites de las multinacionales, no hay papeles, no hay registros;  “Me vas a preguntar  cosas de las minas de las cuales yo tengo desconocimiento, sobre las multinacionales como la Anglogold Ashanti, solo sé que ellos venían a pasar algunos informes, pero no tienen permisos ni nada con la Alcaldía”  dice algo confundida y sin saber mucho de lo que habla Viviana Uribe directora de UMATA, oficina encargada sobre la agricultura y minas en el municipio.

MULTINACIONALES EN BUSCA DEL TESORO PERDIDO

Hace cuatro años la multinacional Anglogold Ashanti llego desde Sudáfrica y piso el suelo de Quinchia, con las mejores intenciones, progreso, ingresos, empleo, negocios; Con esta llegada se genera buen empleo, mas personas que excaven y hagan sus exploraciones, todo es un alboroto económico, pero cuando parte a su tierra natal, solo quedan los escombros, las huellas de retroexcavadoras y el terreno maltratado. Respecto a esto el presidente de la asociación minera La Soledad dice “El dinero que llega por parte de las multinacionales es para el estado y otra para los oportunistas que negociaron con ellos”

 “Revuelcan nuestra tierra y la dejan sin poderla trabajar” con tristeza expresa el minero Olver Guapacha.

Las minas en su interior. Se siente la presión de la tierras encima de los mineros

Cuando hay presencia de multinacionales, los habitantes se preocupan y empieza la batalla campal con el gobierno, se oponen a que extranjeros exploten lo que es de ellos a cambio de pocos beneficios, por esta razón cuando se sintieron los pasos agigantados de extranjeros hace cuatro años los mineros solicitaron al estado  hacer una reserva de sus tierras, el 21 de febrero del 2006, de 5027 hectáreas pedidas les declararon 585 hectáreas como zona de reserva, este proceso se llevo a cabo con pronunciamientos de campesinos, mineros e indígenas.

“Así nos cueste la vida nos hacemos respetar” dice Martin Siagama Presidente Consejo regional indígena de Pereira.  Las minas en Quinchia han sido ancestrales es aquí, en estas tierras, donde han vivido las comunidades indígenas hace muchos años, explotándolas artesanalmente por sus propios medios y protegiendo cada rincón de su madre tierra. La posición firme de los indígenas es no ceder.  “Es  riqueza nuestra, la multinacional Anglogold Ashanti negocio nuestras tierras sin avisarnos, para ser exploradas, no queremos que las multinacionales nos dejen en ruinas sin recursos, sin medio ambiente y desolados.” Concluye Siagama.

Al ver cómo iban a ser violados sus derechos las comunidades indígenas hicieron la denuncia para que salieran de exploración de su territorio, todavía se sigue la pelea ya que la tierra es sagrada para sus comunidades y no están dispuestos a permitir que otras personas toquen sus mina “nosotros vivimos de la madre naturaleza la tierra nos da todo, no autorizaremos que exploten nuestras minas que nos irrespeten como comunidad indígena nosotros hemos hecho mucha resistencia pero el estado viola nuestros derechos igual nos tratan de doblegar”. Concluye Martin Siagama

Implementos con los que trabajan los mineros en el municipio de Quinchia, sacandole el jugo por las presion de sus jefes

A esto, La Carder: “Si bien hay una población que tiene ascendencia indígena y tienen carnet indígena no están establecidos como resguardos no tiene porque existir conflicto con ellos al no tener tierras indígenas en Quinchia, al menos en el sector minero” dice el geólogo Gabriel Gonzales.

Según esto los indígenas de Quinchia ante el ministerio del interior no están establecidos como resguardo, por esta razón  las multinacionales no tienen porque preguntarles ni pedir permiso para explorar en sus tierras, las tierras indígenas que por muchos años han protegido y creen propia.

Al preguntar al geólogo de la Carder por la multinacional Anglogold Ashanti  afirma que todo fue muy legal y transparente, que no hubo conflicto de ningún tipo, ayudaron mucho a la comunidad y hace 6 meses salieron del país. Un funcionario más del estado sin memoria, sin ganas de recordar ni traer a colación los conflictos mencionados antes.

 “En este momento no hay personas de la multinacional, ellos se fueron, que no encontraron nada, es que ellos buscan oro en cantidades y supuestamente aquí no hay” afirma Gregorio Bueno, representante legal de la mina de Miraflores.

La multinacional se marcho, con algunas muestras y proyectos. También las carreteras quedaron igual y los mineros siguen en las mismas condiciones.

El tesoro perdido que buscaban, no se encontraba en Quinchia

DATO CURIOSO

En este momento hay 100 jóvenes estudiando joyería en el Sena, el gobierno está apoyando a los jóvenes para que sigan haciendo el trabajo de la minería en su municipio. Se envió un proyecto a Bogotá para empezar a hacer joyas y crear microempresa con los pequeños mineros. Quinchia está a la espera de que algún funcionario del gobierno en Bogotá quiera descubrir de que se trata el proyecto.

Megaproyectos tienen en la mira a Mistrató.

Por: Juan Manuel Taborda Acebedo: djjuan2006@hotmail.com

Sandra Cristina Giraldo Santiago: sandris8820@hotmail.com

En el resurgimiento de las potencias asiáticas, el Pacífico colombiano juega un papel muy importante.

La construcción de una vía que conecte importantes zonas del centro del país como el Eje cafetero y el pacífico colombiano, entre otras, no es un proyecto nuevo. Este tiene sus inicios con la Ley 121 de 1959 e inclusive con estudios y análisis elaborados desde 1880.

En el recuadro se ve enmarcada la zona de la región que está en medio del interior y el Choco, unión que se pretende hacer entre estos dos extremos

La ejecución de un proyecto que posibilite la comunicación vial entre los países suramericanos, es un objetivo que inicialmente se pensó a través de un ferrocarril, pero esta idea fue eliminada en 1923 en una conferencia internacional americana que se realizó en Santiago de Chile, donde se optó por la construcción de carreteras.

 Esto no es solo buscar el tan mencionado y diversificado desarrollo a partir del cemento. Tiene otras connotaciones que requieren análisis, como la relación con el TLC, a quién le corresponde la inversión de capital y la administración de estos proyectos y su relación con el manejo del tema en la política.

 El propósito central es lograr una salida más cercana al Océano Pacífico para el Centro-Occidente del país, con el objetivo de aprovechar la riqueza costera y  desarrollar importantes intercambios comerciales. Este proyecto se ha ejecutado a lo largo del tiempo por etapas. En el caso de Risaralda sus municipios más involucrados son Pueblo Rico y Mistrató, con este último, el resguardo indígena Embera en la zona San Antonio del Chamí.

Quedan así dos opciones carretéables hasta Santa Cecilia, una por Mistrató y otra por Pueblo Rico, las cuales convergen allí para luego continuar una sola vía de Santa Cecilia  hasta Tadó y toda la Costa Pacífica.

Además, la carretera sólo es una parte de un grupo de megaproyectos que incluyen, entre otros, la implementación del Puerto de Tribugá en Nuquí, (Chocó) y uno menos mencionado que pretende competir contra el canal de Panamá, y es un canal interoceánico uniendo el río Atrato y el río Truandó,  el primero desemboca en el Atlántico y el segundo en el Pacífico.

Todas esas propuestas preocupan algunas zonas del Chocó, máxima fuente biogeográfica del país y entre las primeras del mundo. Este es un proyecto que tiene impactos económicos, sociales y ambientales; con múltiples actores involucrados de diversas formas; Estados Unidos, China, Europa, gobiernos locales, empresas privadas, dirigentes sociales y pobladores en general.

 A raíz  de todo el potencial comercial que han venido desarrollando todos los países del pacífico asiático y todo el proceso de globalización, el país se encuentra en una era de inserción comercial en el mundo, en la época contemporánea. Las potencias mundiales han estado interesadas en invertir grandes capitales en las zonas del pacífico y eso explica el problema del desplazamiento forzado hoy en Colombia y fundamentalmente en las poblaciones afros de la nación.

 Con relación a lo anterior Iván Vergara vicepresidente del Movimiento Nacional Cimarrón afirma que “Nuestro país ha venido entregando a grandes capitalistas transnacionales recursos naturales y la entrega de estos recursos naturales pasa  por la extracción de los mismos que implica establecer grandes transacciones carretéales que permitan  conectar el Pacifico con el interior del país  y con barias regiones del país terrestre y poder llevar los productos a los puertos que se están creando”

La principal motivación, entre muchas otras gira en torno al denominado –desarrollo-, un fenómeno que ha sido causa y efecto de múltiples acciones sociales.

Las vías de comunicación implican aspectos del desarrollo, dependiendo del aspecto de desarrollo que se posea,  “Las carreteras deben solucionar problemas, en este caso abastecimiento de alimentos, intercambios comerciales; intercambios incluso culturales y deportivos, entre las mismas comunidades acortan distancias a comunidades de otros departamentos como Antioquia, Caldas E interior del país” afirma el director de la Umata (Unidad Municipal de Atención Agropecuaria) de Mistrató, Henry Rincón.

Históricamente se ha demostrado que es simplemente necesidad de analizar y estudiar más las cosas, sin dejarse llevar por la inmediatez o el encantamiento temporal, o los propósitos particulares. Colombia necesita pensar a futuro, con autonomía y criterio, con unión y acuerdos interculturales. Sin repetir errores como los cometidos años pasados  ejemplo de ello lo acontecido con Panamá y su canal.

Para las personas que no están de acuerdo con la manera como se está llevando a cabo estos proyectos basados en el ideal de desarrollo. Ya que para ellos un desarrollo económico debe ir acompañado del ambiental y social, es necesario que por el desarrollo no estropeen los recursos naturales porque en esos términos no se podría considerar que hay un avance así los ingresos se incrementen.

Muchas de estas personas como el docente Diego Ceballos, investigador de la Universidad Libre de Pereira consideran que “la construcción de una vía férrea sería lo apropiado tanto para la biodiversidad del país como también para factores económicos, sociales, culturales y consolidación de un desarrollo apropiado. El problema es que hay otros interesados como la mafia del transporte quienes obviamente buscan la consolidación de la carretera”.

Ambientalistas y opositores se preguntan por los niveles de afectación a la fauna, flora y ecosistemas, además por los posibles perjuicios o beneficios que puedan sufrir los pobladores más cercanos a la carretera al mar Pacífico, como lo son los afrocolombianos y los indígenas.

A lo largo del tiempo, los indígenas por su parte han dicho que se les debe reconocer  como una entidad diferente al campesino, consolidando un fuero jurídico especial para ellos, y reconocimiento tanto de sus territorios como de ellos.

Este es un pueblo normal que no tiene un imaginario concreto de desarrollo y tampoco total conocimiento de sus fortalezas.

Finalmente esos espacios territoriales fueron reconocidos, pero hoy en día estos ya están pequeños, la población ha crecido, lo que implica también otros cambios.

 Se han venido realizando amenazas contra las comunidades indígenas para apoderarse de sus territorios y así explotar riquezas naturales de estas culturas como menciona Alberto Guazorna integrante del CRIR (Consejo Regional Indígena de Risaralda) “Pero lo más preocupante es que la violencia que se desata contra nuestro pueblo busca abrirle paso a los megaproyectos y a la explotación minera en nuestro territorio, en los municipios, Mistrató y Pueblo Rico. Proyectos que se entregan en concesión por el Gobierno nacional, con el auspicio de la administración departamental y municipal  que se adelantan sin la consulta previa a las comunidades indígenas”.

 Lo más complejo es que como en todas las relaciones sociales, el comercio, la cultura  y la política no pueden estar ausentes. La consolidación de este proyecto vial no es la excepción, y menos ahora en tiempo de campañas a gobernaciones y de alcaldías de Risaralda. La idea se vende como una oportunidad de desarrollo, de generación de empleo y turismo. Los espacios para conocer sus implicaciones y debatirlos ahora se mezclan con campañas políticas.

 La construcción de esta vía pensada como desarrollo partiendo del pensar que el desarrollo es tener.

“Claro está que desarrollo tiene definiciones de acuerdo  de lo que crean que es, Si desarrollo es tirar una vía por medio de un bosque, eso implica problemas ambientales  para algunas comunidades ya asentadas, eso no es desarrollo, para los ambientalistas eso no sería desarrollo es como reunir todos los actores que tienen que ir ahí”. Comento  Rincón

 La comunidad debe conectar con el mundo global por vía terrestre y vía acuática, “Nuestro pueblo también debe entrar en esos procesos de desarrollo industriales comerciales infraestructurales pero eso no significa que tengan que romper con el equilibrio ambiental   como tampoco romper de manera arbitraria una tradición cultural, deben de ser vinculadas articuladas pero respetando los intereses culturales territoriales la autonomía  y las riquezas naturales que se encuentran allí” señala Vergara.

 Para que no se repita lo que paso con panamá,  es necesario que los municipios que están prácticamente en un punto comunicacional entre  Choco y el interior  que son Pueblo Rico y Mistrató deben fortalecer su autonomía, su gestión y deben involucrasen mucho más  en ese Choco biográfico,  sentirse parte de esa región.

 Según Diego Ceballos “debemos participar siendo guardianes celosos de lo que tenemos, de nuestros recursos y nuestras riquezas, pienso que las comunicaciones deben darse  entre Europa y Asia y se van a dar por encima de lo que sea, entonces luchemos para que no sean tan perjudiciales  tan nocivas. Abramos entonces  más bien una vía férrea,  el riel no hace tanto daño,  inclusive es más económico”.

 El desarrollo está en buscar la felicidad, armonía de la vida y acá no se vislumbra en ningún lado. El desarrollo que prima es el de la acumulación de cosas, concentración de dinero y de recursos físicos.

Indígenas de Pueblo Rico siguen sin respuestas

Situación de desplazamiento, violación de derechos humanos, poca atención del gobierno municipal y condiciones de vida deplorables, son los reclamos de los representantes indígenas. Autoridades no tienen respuestas o reclaman por la falta de veracidad de las acusaciones.

 

Por: Karla Agudelo Urquijo

César  Augusto Osorno Franco

Kr_la_1@hotmail.com

c3sar_a@hotmail.com

“El problema es que somos fuente y somos medio”, así lo manifiesta Hernando González, Gobernador indígena de Pueblo Rico, municipio del departamento de Risaralda, quien asume el rol de ser el responsable de velar por las comunidades indígenas y sobre los problemas actuales de los resguardos con las  entidades del gobierno.

Marcan las tres de la tarde, los medios de comunicación, los representantes del gobierno y presuntos participantes entran y salen del pequeño salón donde se realiza otra reunión. Los líderes de resguardos indígenas reclamarán, después de varios intentos, una vez más por sus derechos. Esta vez no se conformarán con un no, o con un tal vez, por lo tanto denunciarán todos los actos de violencia que se ha han presentado durante los últimos años, mientras se sigue a la espera de una respuesta de la Defensoría del Pueblo y la Policía Nacional.

En Risaralda es alto el número de casos en los cuales comunidades indígenas se encuentran en riesgo de ser despojadas de sus tierras y territorios, lo que evidencia serios conflictos que se relacionan con intereses de orden económico. El drama de desplazamiento, violencia, salud y educación en Risaralda no se detiene, decenas de familias siguen siendo expulsadas de sus territorios, especialmente en los municipios occidentales, por estructuras armadas que continúan actuando impunemente.

“Silenciar” es uno de los términos que más pronuncian los habitantes, ya que son víctimas del conflicto que se vive día a día y que ha trascendido hasta llegar a la muerte y desaparición de personas. “Acá en mi pueblo sí se han visto actos de violencia, porque hay varias bandas comunes que atracan a las personas, y además se han desaparecido varios individuos en la carretera del pueblo, cosa que nos afecta mucho, ya que el Ejército nos promete seguridad y lo que vemos es inseguridad”, afirma Fernando Chalarca, habitante de Pueblo Rico.

Los habitantes, en su mayoría, se sienten desprotegidos ya que las entidades que brindan  seguridad no cumplen el papel como debería ser. Estas esperan a pase un suceso mayor para poder tomar represalias sobre el asunto. Es así como el Coronel Álvaro Fernando Bocanegra, comandante del batallón San Mateo de la ciudad de Pereira, confronta que la situación de orden público en Pueblo Rico es segura desde hace tres años, además expresa que no ha habido ningún enfrentamiento del Ejército con grupos al margen de la ley en territorios del municipio desde el año 2008.

Rosalba Nakabera, indígena afectada por la violencia, ha decidido romper el silencio y contar sobre la desaparición de su esposo, ocurrida hace nueve años. “Él salió en el año 2002 de la vereda de Minitas a vender panela molida, yuca y plátano a Santa Cecilia para poder comprar el mercado. Él se subió en el bus de las 11 de la mañana y lo bajaron unos encapuchados. Cuando yo salí a buscarlo y a preguntar por él, me dijeron que si era el que vendía la panela, que a él se lo habían llevado… yo no hice el denuncio, me daba miedo”.

Como este caso son muchos, ya que por miedo se callan muchas voces que soportan la humillación y sufrimiento al perder a sus esposos, hijos y padres, como testifica Orlando Querangama,  líder indígena de la comunidad La Loma.

 

Actualmente el conflicto que viven los habitantes con los entes gubernamentales crece de manera drástica, poniendo un contexto en el cual se incrementa la demanda de violencia, conflicto de territorio y desplazamiento de grupos indígenas. De acuerdo con versiones de habitantes de Pueblo Rico y grupos indígenas, el gobierno sólo utiliza estrategias para evadir los temas que generan discordia, aplazando cada vez más las demandas que cada líder antepone para  que el conflicto tenga un fin.

“Debemos ser partícipes del desarrollo, mas no ver pasar el desarrollo”, dijo un poco alterado Jaime Mena Buenaños, alcalde de Pueblo Rico. “No nos sirve de nada, no colabora ni con un vaso de agua, solo piensa como todo político en su bienestar, mejor dicho, para él nosotros no somos nada”, dice Fernando Chalarca, habitante de Pueblo Rico.

Comunidades indígenas contra Alcaldía de Pueblo Rico

“No ha hecho nada, esta administración no ha hecho nada para el pueblo”, afirma José Alba García, habitante de Pueblo Rico y principal opositora del Alcalde Buenaños. Es así como muchas voces especifican que el Alcalde de Pueblo Rico, Jaime Mena, no se esmeró por proteger a sus habitantes, que lo único que realizó fue sacar mil disculpas para poder tapar los verdaderos actos de su administración. “Yo tengo un problema con unos indígenas desplazados de La Soledad, se le ha pedido el favor al señor Alcalde por medio de videos, como también a la Personera y no hacen nada, no colaboran para nada”, manifiesta García.

“Nosotros vinimos porque un volcán se derrumbó en mi casa y por eso nos vinimos a esta casita, y el Alcalde no nos ayudó ni un poco, el gobierno menos, y le decimos a Jaime que nos ayude y que más tarde, y por eso yo no subo por allá porque siempre me dejan sin nada”, asegura Raúl Charichy, afectado por la catástrofe natural.

 

Buenaños reitera que la situación en el municipio, con respecto a los indígenas, es un poquito más complicada en relación a las demás personas de la comunidad, no obstante, ellos al menos pueden recibir recursos que envía el Estado por el sistema general de participación. “La población campesina es pobre, las condiciones de vida son deprimentes, nosotros como Alcaldía los ayudamos en todo”.

En la reunión de Mesa de Organizaciones Sociales y Derechos Humanos, el Comité Regional Indígena (CRIR) presentó a las autoridades civiles, militares y otras entidades estatales, las siguientes consideraciones con el ánimo de aportar elementos a la discusión para implantar una estrategia que brinde condiciones de seguridad y garantía a defensores y defensoras, y a líderes sociales en el desarrollo del trabajo a favor de los derechos humanos en Risaralda.

“Llevamos más de 10 reuniones presentando los mismos casos de violencia, pero parece como si sólo vinieran a sentarse a escuchar y no poner cuidado a lo que necesitamos saber”, exclama Hernando Aguirre, representante ante el gobierno por los grupos indígenas.

 

Es un caos al escuchar todas las demandas que se presentan en Risaralda y más en la parte occidental, otra vez el gobierno no tiene explicación de los sucesos ocurridos en estos territorios. Aguirre lee con mayor cuidado todos los actos de violencia que se han presentado en los dos últimos años. En el lado izquierdo, donde están ubicadas todas las entidades del gobierno, se ve la incomodidad, ya que no tienen cómo responder a  dichas demandas. “Fuimos acusados hasta de corruptos”, es así como se expresa el Coronel Bocanegra al llegar al batallón San Mateo de Pereira.

“El gobierno lo único que hace es posponer las respuestas que pedimos con mayor respeto”, comenta Alberto Guazorna a su amigo Guillermo, integrante de la etnia indígena Embera Chamí.

Pasan cinco horas, con las mismas discordias, malentendidos, sugerencias y no se llega a ningún acuerdo. Es allí donde se escucha por primera vez la voz del Defensor del Pueblo Luis Carlos Leal, admitiendo que esta reunión una vez más ha sido desperdiciada, proponiendo así a los entes del gobierno y líderes de resguardos indígenas que se reunieran el 1 de junio, para así entablar por fin una solución a todas las problemáticas que se enunciaron.

El desplazamiento forzado y la violación a derechos humanos en el municipio de Pueblo Rico, se producen en un contexto de conflicto armado. La población, los indígenas y demás habitantes callan ante la problemática del entorno, como pasó en los años 80 con la llegada del M-19 al municipio. Esta guerrilla despojó y arruinó a miles de familias, trayendo disputas en territorios indígenas, obligándolos a huir a lugares desconocidos, es lo que dice el sociólogo Luis Adolfo Martínez en su libro “Conflicto, Desarrollo y Derecho a la Vida”.

Demandas, súplicas y  rezos es lo que hacen con mayor fervor los líderes de los resguardos afectados, dirigiéndose a los entes del gobierno, pero todo pareciera quedar en promesas, sin lograr alguna solución.