Once años de impunidad por masacre de familia Turbay Cote

Por: Luisa Fernanda Duarte Arcos

La misión que me dieron a mí, era solamente hacerle el seguimiento para después secuestrarlo (sic), más nunca que lo fueran a asesinar”, dice Fredy*, un desmovilizado de las filas de la columna Teófilo Forero de las Farc que participó del asesinato de la familia Turbay Cote, dice en su testimonio.

Ex-guerrillero habla del asesinato de la familia Turbay Cote del Caquetá:

A  las 10 de la mañana de aquel 29 de diciembre del 2000, el parlamentario Diego Turbay Cote iba con su madre, Inés Cote de Turbay, líder política del Departamento, y cinco acompañantes a la posesión del Alcalde del municipio de Puerto Rico, José Lisardo Rojas. Mientras la caravana del parlamentario se dirigía a Puerto Rico, sin saberlo, en la misma vía la guerrilla había instalado un retén.

La familia Turbay Cote fue prácticamente exterminada. Tan solo sobrevive Constanza, quien vive exilada en el exterior.

El Ejército informó, en un comunicado, que los subversivos obligaron a detener la marcha de los carros, hicieron bajar a sus ocupantes, los mataron en el piso y luego huyeron.

Proceso contra Almario

Luis Fernando Almario, ex representante a la Cámara por el Partido Conservador, estuvo detenido en la cárcel La Picota desde febrero de 2008 por el delito de homicidio agravado. Está acusado como determinador de las muertes de Inés Cote de Turbay, su hijo –el senador Diego Turbay Cote  y los acompañantes.

Según la investigación de la Fiscalía, Almario habría recomendado a las Farc asesinar a los Turbay Cote, quienes eran sus rivales políticos en el Departamento. Un guerrillero desmovilizado declaró ante el entonces Fiscal de Justicia y Paz, Leonardo Augusto Cabana, que Almario le dijo a Fabián Ramírez de las Farc que los Turbay Cote habían llevado el paramilitarismo al Caquetá. Otros guerrilleros corroboraron ese testimonio.

Otra integrante de la familia, Constanza Turbay  y quien reside en el exterior, en una de sus cartas enviadas al ex presidente Álvaro Uribe habla de la posible influencia que tiene Luis Fernando Almario y  que Elsa Piedad Ramírez, esposa del ex representante a la Cámara, llegó a ser fiscal delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá y  contó con varios amigos en la unidad antiterrorismo de la Fiscalía General de la Nación.

Congresista Luis Fernando Almario, llamado a juicio como predeterminador del múltiple asesinato.

Constanza también dice que tampoco ha pasado desapercibida la amistad de Almario con Angelino Lizcano, presidente de la Sala disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, quien interviene en el nombramiento de los jueces de descongestión, como el que falló este caso. Lizcano es caqueteño como Almario y le debe al ex representante su elección como Secretario General de la Cámara, de donde saltó a la Judicatura.

El también caqueteño Reinaldo Duque, Secretario de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, quien investiga y juzga a los jueces, compartió con Almario en el Partido Conservador en Florencia.

El Alcalde electo de Bogotá, Gustavo Petro, reafirmó que la masacre de la familia Turbay Cote fue ejecutada por las Farc en el 2000, en el Caquetá, al parecer como parte de una confabulación política.

En diálogo con el Noticiero Radio Santa Fe, el ex senador y alcalde electo de Bogotá GustavoPetro denunció también una lentitud premeditada de la justicia para esclarecer los hechos.

Imagen de los Turbay en el Caquetá

La desaparición de la familia Turbay Cote, quienes habían encabezado el Partido Liberal en el Caquetá, desató entre los habitantes de esta región, el repudio y la indignación por estos actos violentos a personalidades que le habrían aportado tanto al departamento. Los seguidores adoptaron su forma de política pero no siguieron abanderando el apellido Turbay Cote por temor a que las Farc o algún tipo de grupo armado tomara represalias contra ellos.

En la actualidad los caqueteños recuerdan a los Turbay Cote como personas que ayudaron a la población y le regalaron mucho a su pueblo, ayudando a los más necesitados, dejándole al departamento cuatro décadas de liberalismo, dice William Wilches político caqueteño y fundador del Museo en homenaje a la familia Turbay Cote.

Una casa museo se erigió para conservar la memoria de los Turbay en el Caquetá. Una familia poderosa signada por la desgracia.

Constanza Turbay Cote envió una carta al ex presidente Álvaro Uribe Vélez desde Europa donde pide que se haga justicia frente a la masacre de su familia y donde  acusa directamente al ex congresista Luis Fernando Almario de ser el autor intelectual de dicho suceso.

Constanza también envió desde Bruselas otra carta en la que califica esta declaración donde las Farc hablan de un vínculo con Luis Fernando Almario como un gesto positivo y destaca su contribución al esclarecimiento de los hechos. Les dice a las Farc que el país merece que cuenten todo lo que saben al respecto.

Cómo va el proceso

Almario fue capturado en febrero de 2008 por orden de un fiscal de Derechos Humanos que lo vinculaba con las Farc como presunto autor intelectual del asesinato de Diego Turbay Cote, entonces presidente de la Comisión de Paz de la Cámara de representantes, el 29 de Diciembre del 2000, su madre Inés Cote de Turbay, el arquitecto Jaime Peña Cabrera, Edwin Angarita Alarcón, Mail Bejarano Martínez, Dagoberto Samboní y el conductor del vehículo, Rafael Ocasiones Llanos. Juan José Peña, primo del fallecido arquitecto Jaime Peña Cabrera, habló un poco de lo sucedido y además añadió que son directamente las Farc las culpables del asesinato de estas personas.

Durante la investigación, Almario renunció a su fuero parlamentario por lo que el caso pasó de manos de la Corte Suprema a instancias de un juzgado especializado de Bogotá.

En octubre de 2008, un fiscal delegado ante la Corte Suprema dictó resolución de acusación contra el político como responsable del delito de homicidio. Pero, en mayo de 2009, Juan Carlos Enríquez, juez especializado de Bogotá, ordenó la libertad del ex congresista por considerar que se vulneró su derecho al debido proceso. El juez decidió que el expediente de Almario se devolviera a la fase de instrucción y por tanto se le concediera la libertad.

Desde entonces, y luego de tres años desde que arrancó el proceso, el caso contra Almario parece estancado. Fuentes cercanas mencionaron que durante esos tres años, el caso por el asesinato de los Turbay ha cambiado de fiscal en seis oportunidades por lo que el proceso se ha dilatado.

Conocidos y testigos en el caso de la familia Turbay Cote dicen que Luis Fernando Almario se alió con las Farc con el fin de anular la fuerte participación Liberal en el departamento y sacarlos del camino como opositores políticos pues estos evidentemente nublaban su carrera política dentro del Caquetá.

Perfil de Luis Fernando Almario

Almario arrancó su carrera política como conservador pero ha sido estratégico cambiando varias veces de partido, por ejemplo, fue elegido representante a la Cámara por el Caquetá en 1991 por el partido azul. Tres años después, como vicepresidente de la Cámara, jugó un papel clave en la absolución del ex presidente Samper durante el proceso 8000. Luego apoyó la candidatura presidencial de Noemí Sanín hasta que Andrés Pastrana se perfiló como el más posible ganador y entonces formó parte de la coalición que lo respaldaba.

En 1998, las Farc tenían una advertencia de matar a los candidatos de los partidos tradicionales que se presentaran a esas elecciones (conservador y liberal). Almario lo hizo por el Movimiento de Integración Colombiano (MIC).

El 29 de Diciembre de 2000, las Farc hicieron efectiva su amenaza y asesinaron a sangre fría a Diego Turbay, que había sido candidato a la alcaldía de Florencia por el partido liberal, también a su madre Inés Cote Turbay y a sus escoltas. Con el asesinato de la familia Turbay Cote en el 2000, Almario asumió el control absoluto de la política en el Caquetá.

Los que acusan a Almario dicen que cuentan con varios testimonios que demostrarían sus vínculos con las Farc y el narcotráfico. Y ahora temen que la decisión del juez de iniciar nuevamente el proceso, ponga en peligro la vida de los testigos que ya son conocidos por el acusado, pues todas las cartas fueron destapadas durante el juicio.

Hasta el momento, 38 testigos han sido asesinados, entre ellos varios taxistas que fueron torturados y muertos la semana siguiente a los Turbay, por haber presenciado el homicidio. Más adelante fue asesinado el ex alcalde de Puerto Rico, Jorge Hernán Calderón, y su computador personal fue robado. Era uno de los principales testigos contra Almario.

Luis Fernando Almario por casi dos décadas ha salir bien librado de los procesos penales que se han iniciado en su contra, primero por el 8.000 y luego por la parapolítica y la Farc-política. El Ministerio Público lo acusó disciplinariamente de aliarse, primero con las Farc y luego con los paras, para mantener el control político del departamento.

El actual procurador, Alejandro Ordóñez, lo llamó a responder por cargos que podrían valerle la destitución y, sobre todo, la inhabilidad y muerte política durante 20 años. Se argumenta que entre febrero del 2002 y diciembre del 2003, trabajó John E. Monje, hermano de un jefe paramilitar, en la Unidad de Trabajo Legislativo (UTL) de Almario, y que sus votaciones en zonas controladas por esos grupos superaron el 50 por ciento del total de los votantes.

Historia de la familia Turbay

Habbas Turbay llegó como colonizador al Caquetá a finales de la década de los años veinte. La segunda generación, que fue la del senador Luis Hernando Turbay Turbay, logró su consolidación a comienzos de la década de los 70. Cuando el senador murió en 1990, Rodrigo Turbay, su hijo mayor, asumió la dirección política del partido liberal oficialista hasta que fue secuestrado por las Farc en 1995.

Al aparecer ahogado el 3 de mayo de 1997, luego de dos años de secuestro, su hermano menor Diego Turbay, quien vivía y trabajaba en Bruselas con la Federación Nacional de Cafeteros, renunció y se lanzó a la alcaldía de Florencia, aunque no ganó, se fue preparando y más adelante fue nombrado Comisionado para la Paz en Colombia. Tomó parte de reuniones en San Vicente del Caguán, en las cuales comandantes de las Farc le indicaron que era objetivo militar. Fue electo Alcalde y ocupó varios cargos en Caquetá.

Luego de la masacre en la que murió junto con su madre y cinco acompañantes más, su hermana Constanza se exilia en Europa, desde donde exige que se haga justicia y rechaza la impunidad ante actos tan bárbaros e inhumanos donde su familia fue víctima. Así lo reclama en una carta enviada desde Alemania al ex presidente Álvaro Uribe el 10 de marzo del año 2009: “(…) mi sangre fue dispersa en el suelo caqueteño como se dispersa el trigo para ser separado de la cizaña, terminé sola en mi amada tierra y el día que yo desaparezca, desaparecerá el último vestigio de mi estirpe Turbay Cote (…) Me preocupan, Señor Presidente, la injusticia, la impunidad, la indolencia y la miseria que se ciernen contra la Justicia de nuestro país”.

Asesinato del parlamentario Diego Turbay Cote y su madre Inés Cote de Turbay el 29 de diciembre de 2000 entre El Doncello y Puerto Rico, Caquetá, por guerrilleros del frente 14 de las Farc. A la derecha, Constanza Turbay Cote grita desconsolada. Fotografía: Jorge Enrique Sánchez.

Solo queda esperar que el proceso contra Luis Fernando Almario, señalado como instigador del crimen, tenga claridad y se cumpla con la celeridad que amerita un acto criminal tan notorio en la comunidad nacional. Lo mismo esperan las familias de las 38 personas asesinadas por tener alguna relación incidental con esta masacre.

*Se reservó el nombre real de la fuente por petición de la misma

Pereira, un imán para los desplazados

Por: Diana Mariel Bejarano

Luz Nery Machado Pinilla sufrió por los enfrentamientos entre Ejército y guerrilla, ahora cuenta su historia a la orilla del río Consota, en un refugio construido con guadua, forrado con cientos de hojas de periódicos nacionales, que no informan más que tragedias como las que sufrió el día en que fue desterrada de su lugar de origen.

Luz Nery recurrió a su madre, quien ya vivía en Pereira en condiciones de desplazada. Ésta le informó dónde podría construir un rancho para pasar los días. Y el día menos pensado ya vivía en el sector de Caracol -La Curvajunto con su hijo de 1 año, su esposo, una hermana y un sobrino mayor.

Invasión ubicada en la parte baja del Barrio Caracol la curva, por la salida a Armenia.

CODHES (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento) informa que “en el año 2003, casi 280.000 personas salieron de su lugar de origen, lo que significa que en  promedio 812 personas por día,  abandonaron sus hogares”. De acuerdo con el Gobierno, en Colombia hay 2,6 millones de desplazados, pero según Codhes “hay un subregistro”, es decir, personas que nunca han sido censadas, que puede alcanzar un 30 por ciento del total, lo que llevaría a contabilizar cerca de cuatro millones.

Son muchas las familias  y personas desplazadas que reciben ayudas humanitarias por parte del gobierno o de otras entidades, pero  el desplazamiento es algo que ha incrementado de manera notoria en Colombia.

Según la base de registro único de población desplazada (RUPD al mes de mayo del 2009, el  departamento de Risaralda tiene un acumulado de  43.985 personas declaradas como desplazadas desde el año 1997.

Entre las principales zonas de concentración de población desplazada en Pereira están los Barrios Villa Santana, El Plumón, El Dorado, Galicia, Puerto Caldas y Caimalito.

Los primeros diez departamentos expulsores de población desplazada con recepción en Pereira son:

  1. Antioquia:                  6.906
  2. Chocó:                        6.080
  3. Caldas:                       4.634
  4. Valle:                           3.796
  5. Caquetá:                     2.378
  6. Tolima:                       2.267
  7. Meta:                           1.196
  8. Putumayo                  1.076
  9. Cauca:                            868
  10. Nariño:                           577

Como las principales causas del desplazamiento se han podido identificar desplazamientos causados por la guerrilla, amenazas directas o generalizadas y en casos aislados por reclutamiento de personas.

Violencia tras violencia

Adicionalmente se presentan movilizaciones generadas por la presencia de grupos delincuenciales al servicio del narcotráfico, como Los Rastrojos y Los Machos, específicamente en el Valle del Cauca.

Según el Sistema de Información sobre Desplazamiento Forzado y Derechos Humanos (SISDHES), en un reporte de febrero de 2008 hecho a  CODHES, para el año 2007 Pereira estaba entre los primeros 101 municipios más afectados por el desplazamiento forzado con una totalidad de 7.521.

 Según  cifras de CODHES, el departamento de Risaralda ha presentado un incremento en deslazamiento a partir del año 1999, cuando tenía una cifra de 2.227 desplazados, pero para el reporte hecho en el año 2007, Risaralda tenía 5.498 desplazados, cifras que han incrementado en la actualidad.

Según estadísticas de Acción Social, Pereira, tiene un acumulado de 27.078 desplazados, equivalentes al 6,6% de la población total de la ciudad.

Los niños son los más afectados en la problemática del desplazamiento. Son aproximadamente 412.500 niños que huyen con sus familias por presiones de diversos actores armados.

El hecho de que Pereira sea una ciudad receptora de población desplazada trae algunas repercusiones para la ciudad, como lo afirma el sociólogo de la universidad de Antioquia Alberto Hugo Soto Hurtado, la principal consecuencia que trae  el desplazamiento masivo es la violencia.

Según Soto, esto se debe al desempleo que traen consigo los desplazados cuando se movilizan de su lugar de origen.  “Recién llegan a la ciudad se ven afectados por el desempleo, por la falta de ingresos, pero también por el rechazo por parte de la ciudadanía. Son estos los principales  motivos de la existencia de pandillas que ocasionan los atracos a mano armada, el sicariato, la prostitución, el consumo de sustancias psicoactivas y son todas estas cosas las que terminan afectando a la ciudad”.

Pereira es mirada como una zona en la que se puede emprender una nueva vida, ya que su aspecto comercial, agrícola y de desarrollo general es algo atrayente para aquellas personas que han tenido que dejarlo todo a causa de la guerra u otros motivos.

Uno de los principales atractivos de Pereira como ciudad receptora es su ubicación geográfica. “Estamos en un lugar estratégico en el centro del país. En el corazón de Colombia”, afirma el sociólogo Oscar Arango Gaviria. Según éste, el conflicto armado que vivió el Eje Cafetero en los años noventa fue una de las causas fundamentales para que muchas personas de la misma región decidieran reiniciar sus vidas en Pereira.

 Esto lleva a encontrar algunos efectos “agridulces” en los que cabe el hecho de que la ciudad no está preparada para recibir oleadas de gente.  Es aquí cuando la ciudad debe ofrecer apoyo, tanto social como psicosocial. “Los desplazados deben ser atendidos como lo ordena el gobierno, aunque eso cause empobrecimiento a la ciudad”, dice Gaviria.

Son muchas las familias que encuentran en el departamento de Risaralda una solución al problema del desplazamiento. Aunque las autoridades competentes no tengan los recursos suficientes para atender esta cantidad de personas, la ciudad tiene una oferta institucional para desplazados que consiste en brindar ayuda humanitaria que incluye la pronta solución de su problema como desplazado, la reunificación familiar, incluyendo el retorno a su lugar de origen.

Pero más que esta oferta institucional, existe otro motivo por el cual la población desplazada  se viene incrementando de  manera notoria en los últimos años. Parte de esta población decide refugiarse en Pereira por el hecho de que existen personas que sirven de anclaje para su reubicación. Ya sean familiares, amigos o conocidos, quienes dan indicaciones  del cómo llegar y en dónde ubicarse.

Aunque se diga  que Pereira es una ciudad comercial, que hay oportunidad de salir adelante, no hay posibilidades que favorezcan a todos aquellos refugiados en la ciudad, pues muchos se ven en la obligación de buscar trabajo por fuera de la región para el sostenimiento económico de su familia.

Esto sucede con la familia de Yancy Lorena Machado, una joven de 20 años proveniente de Santa Cecilia, Risaralda. Ella a sus diez años de edad se vio obligada a salir de su pueblo con el que seguiría siendo su pareja y poco después tendrían cinco hijos.

“Nos vinimos por miedo a que la guerrilla nos matara al igual que  muchas otras personas”. La alternativa económica en Pereira fue escasa para sostener a cinco pequeños, por lo que su esposo se vio en la obligación de salir de la región y trabajar como vendedor ambulante. De este modo los visita una vez por mes llevándoles lo poco y nada que puede conseguir y dejando que ellos se defiendan, pues cada quien intenta ayudar con lo que más pueda.

El 55% del total de la población desplazada por violencia en Colombia es menor de 18 años.

Esta pareja –al igual que muchos otros- ha sufrido el rechazo de algunos por el hecho de ser desplazados. “A veces uno busca trabajo, se presenta como desplazado y lo desprecian, se busca alimento y nada. Nosotros no tenemos agua, nos la regala un vecino, se pasan muchas humillaciones, lavamos la ropa en el rio Consota. Aunque ya estamos registrados como desplazados, no nos ha llegado ninguna ayuda por parte del gobierno”.

Otro es el caso de María –como prefiere ser llamada-, quien a causa de las constantes amenazas y matanzas  por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un día a las 12:00 m. fue desterrada de sus tierras, a través de agresiones físicas, subida en una avioneta, en embarazo de su última hija (Yulieth) y en compañía de su esposo y demás hijos.

Ella recuerda con rencor el día en que el alcalde del pueblo los envió en una avioneta, con una carta que los identificaba como víctimas del desplazamiento forzado a un viaje del cual ellos ignoraban ruta y destino. Durante el trayecto se dio cuenta que hacían escala en Villavicencio, Bogotá, hasta Pereira.

 Ahora, cinco años después, tras haber recibido un par de colchonetas, dos mercados y cobijas, sigue esperando la ayuda del gobierno, mientras sus hijos crecen bañándose en las aguas turbias del río Consota.