Zonas de invasión: una mina de “oro” para los políticos

En Pereira ya es común ver las invasiones como pequeños barrios, donde se gesta una problemática social que no es conocida por muchos pero que sin lugar a dudas es aprovechada por unos cuantos políticos que hacen de estos lugares los más apropiados para ganar votos.

Por: Daniela Londoño Jaramillo:  danielasep3@hotmail.com                                                  

“Palabras, palabras, palabras, palabras, palabras tan solo palabras hay entre los dos…”, con esta canción de Pimpinela, Omayra Ocampo habitante de la zona de invasión Caracol la Curva, narra en qué ha quedado cada una de las promesas hechas por algunos políticos cuando están en campaña. Según ella, desde el tiempo que lleva viviendo en ésta zona solo un político ha cumplido con lo dicho, esto fue cuando se le realizó a algunos niños del sector la primera comunión.

 Omayra no es la única que ha perdido la credibilidad hacia los políticos, pues junto a ella son muchas las personas de diferentes zonas de invasión que narran la misma historia; sin embargo, estas zonas siguen siendo las más vulnerables de la ciudad, ya que la escases de recursos económicos, es aprovechada por algunos políticos mientras realizan su campaña pre-electoral, prometiendo cambios que jamás son llevados a cabo.

Caracol la Curva, una zona de alto riesgo para las personas que viven allí

Según la oficina de control físico dela Alcaldía, en la ciudad de Pereira hay por lo menos veinte zonas de invasión, de las cuales se destacan, por el alto riesgo que representa para las personas que allí viven, algunos sectores de Samaria uno y dos, El Danubio, Monserrate, Veracruz,La Platanera,La Dulcera,La Platanerade Cuba, El Dorado, El Rocío bajo, José Ilario López, Bosques de Otún, Cachipay parte baja, Salazar Robledo, El Plumón bajo, Brisas del Otún yLa Laguna.

 Todas estas zonas de invasión han sido víctimas de los políticos que prometen y no cumplen, tal es el  caso del Rocío bajo, una zona no muy grande de la ciudad, cuyos habitantes creyeron en las propuestas hechas por el actual presidente del Concejo de Pereira Peterson Lopera, quién recibió por parte de la localidad 120 votos en las urnas de las pasadas elecciones. Según datos dela RegistraduríaNacional, Lopera alcanzo el cargo  con 3.876 votos. ”Con esperanza de que Peterson nos ayudara, nosotros le colaboramos con votos que conseguimos dentro de la comunidad, él dijo que nos iba ayudar para unas clases de pintura a las madres del sector y también con algunos trabajos, pero lo que cumplió lo cumplió a medias, ya que  las clases de pintura solo duraron 3 clases o sea que no duraron el tiempo suficiente para aprender algo y no nos dimos cuenta que  había sucedido con las clases, y de los trabajos tampoco se supo nada,  pues la verdad ellos solo cumplen cuando están en campaña.” comenta Zulma Pulgarín, habitante del sector.

 “Los diferentes políticos que han venido acá solo prometen y hacen algo cuando están en campaña y después de que ya están posicionados, se olvidan de nosotros y no vuelven”, relata Ana Berta Villa, habitante del Rocío Bajo. Con este tipo de situaciones los habitantes de zonas de invasión ya no creen en los políticos. A pesar de las quejas, los votos continúan siendo una muestra de apoyo a la corrupción, pues aunque los habitantes están a punto de perder la esperanza, cada vez que hay campaña política la alimentan con la fe de que el próximo será quien realmente  les ayude y es por esta razón que siguen votando sobre los cadáveres de las promesas.                                                                                                                                                                                           Contario a lo que dicen los habitantes del Rocío bajo, Peterson Lopera no recuerda haber prometido clases de pintura a las madres de esta zona y tampoco algún trabajo, ¿Entonces que hay detrás de estas versiones?

Habitantes del Rocío Bajo construyendo casas que las fuertes lluvias destruyeron

Carlos Crosthwaite, dice que para los políticos de la ciudad se ha convertido en tradición hacer politiquería y prometer cosas que no se cumplen, para él, esto es un acto incorrecto, sin embargo agrega  que “políticos como Ancizar Duque Diputado dela Asambleay Octavio Carmona del Partido Alternativa Liberal son promotores del viviendismo”, asunto que apunta a mejoras de vivienda, dotando a familias de terrenos para su re-ubicación, lo cual representa una ayuda significativa. Esta propuesta ha impulsado a los políticos a ganar campañas, es el caso de Ancizar Duque quien obtuvo el cargo de Diputado ala Asambleacon 5993 votos, segúnla Registraduría Nacional.

 La carencia de recursos económicos se hace visible en las zonas de invasión,  debido  a la escasez de los servicios públicos básicos; como lo son el servicio sanitario, las escuelas, puestos de salud, parques y demás, situación que pone en riesgo su calidad de vida.

 “Los políticos que incitan a las personas a invadir no piensan en el riesgo en el que están colocando a la gente, ya que en la mayoría de los casos las zonas que se invaden no son seguras y tienen problemas geotécnicos e hidrológicos” asegurala Oficina Municipalparala Prevencióny Atención de Desastres , entidad que se mantiene en permanente contacto con los que viven en estos lugares, quienes además le hacen un constante monitoreo a las condiciones de estas zonas y tratan de concienciar a las personas de que estos lugares no son aptos para vivir planteándoles que se reubiquen. La nueva administración del municipio de Pereira está creando zonas de reubicación como el Remansó y otros terrenos,  para que estas personas tengan un lugar seguro donde vivir. El proceso de reubicación que se está liderando se torna lento, debido a la poca conciencia del peligro que estas viviendas representan.

 A pesar de que el control físico se encarga de la revisión urbanística de la ciudad y no permite la creación de nuevas invasiones, estas se siguen propagando por todo Pereira. Es por esta razón que en muchos de los casos les toca demoler casas que están fuera de norma y cuando están fuera de ella, se les hace un seguimiento para llevarlas a un proceso legal.

 Para los candidatos políticos esto puede ser un negocio, pero para el comunero Víctor Manuel Arango, lo que hacen los políticos en campaña son “pañitos de agua tibia” ya que estas supuestas ayudas no son ni la mitad de lo que se necesita en estos lugares. Según Arango, en la administración a cargo de Juan Manuel Arango se hizo mejoramiento en redes para algunas zonas y también convenios para los pagos de servicios  públicos. Al respecto Zulma Pulgarín comenta que esa administración estuvo más comprometida con ellos que la actual a cargo de Israel Londoño, quien no ha prestado tantas ayudas como lo hizo en su época Arango. No obstante, estas versiones varían entre los habitantes de las zonas de invasión.

 Según el director dela Oficina Municipalparala Prevencióny Atención de Desastres, Leandro Jaramillo, Pereira es una ciudad que cuenta con una población de 421.648 habitantes,  con un promedio de 5.2 habitantes por vivienda en zonas de invasión. A pesar de esto, Pereira sigue siendo vista como una ciudad en desarrollo, donde la inversión comercial tiene futuro, pero cuyas condiciones sociales en los menos favorecidos no son subsanadas por las políticas municipales.

La otra cara de la moneda de la ciudad

“Gracias a la politiquería y a muchas de las promesas por parte de algunos políticos esto se ha convertido en un negocio, ya que las personas que invaden terrenos se pueden mantener en estas zonas, a cambio de seguir votando por ellos, y son varios los políticos que se han consolidado en el poder gracias a este tipo de campañas”, dice Atilano córdoba ex Diputado.

 El hecho de que ésta manera de hacer política lleve tantos años, se debe a que los administrativos de la ciudad se siguen haciendo los de la “vista gorda” o llevan a cabo los proyectos a medias y pretenden tapar con facilismo toda esta gran problemática que se esconde detrás del fenómeno de las zonas de invasión; lugares que se han convertido en una lluvia de votos que benefician solo a funcionarios del sector privado y público.

Pereira, un imán para los desplazados

Por: Diana Mariel Bejarano

Luz Nery Machado Pinilla sufrió por los enfrentamientos entre Ejército y guerrilla, ahora cuenta su historia a la orilla del río Consota, en un refugio construido con guadua, forrado con cientos de hojas de periódicos nacionales, que no informan más que tragedias como las que sufrió el día en que fue desterrada de su lugar de origen.

Luz Nery recurrió a su madre, quien ya vivía en Pereira en condiciones de desplazada. Ésta le informó dónde podría construir un rancho para pasar los días. Y el día menos pensado ya vivía en el sector de Caracol -La Curvajunto con su hijo de 1 año, su esposo, una hermana y un sobrino mayor.

Invasión ubicada en la parte baja del Barrio Caracol la curva, por la salida a Armenia.

CODHES (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento) informa que “en el año 2003, casi 280.000 personas salieron de su lugar de origen, lo que significa que en  promedio 812 personas por día,  abandonaron sus hogares”. De acuerdo con el Gobierno, en Colombia hay 2,6 millones de desplazados, pero según Codhes “hay un subregistro”, es decir, personas que nunca han sido censadas, que puede alcanzar un 30 por ciento del total, lo que llevaría a contabilizar cerca de cuatro millones.

Son muchas las familias  y personas desplazadas que reciben ayudas humanitarias por parte del gobierno o de otras entidades, pero  el desplazamiento es algo que ha incrementado de manera notoria en Colombia.

Según la base de registro único de población desplazada (RUPD al mes de mayo del 2009, el  departamento de Risaralda tiene un acumulado de  43.985 personas declaradas como desplazadas desde el año 1997.

Entre las principales zonas de concentración de población desplazada en Pereira están los Barrios Villa Santana, El Plumón, El Dorado, Galicia, Puerto Caldas y Caimalito.

Los primeros diez departamentos expulsores de población desplazada con recepción en Pereira son:

  1. Antioquia:                  6.906
  2. Chocó:                        6.080
  3. Caldas:                       4.634
  4. Valle:                           3.796
  5. Caquetá:                     2.378
  6. Tolima:                       2.267
  7. Meta:                           1.196
  8. Putumayo                  1.076
  9. Cauca:                            868
  10. Nariño:                           577

Como las principales causas del desplazamiento se han podido identificar desplazamientos causados por la guerrilla, amenazas directas o generalizadas y en casos aislados por reclutamiento de personas.

Violencia tras violencia

Adicionalmente se presentan movilizaciones generadas por la presencia de grupos delincuenciales al servicio del narcotráfico, como Los Rastrojos y Los Machos, específicamente en el Valle del Cauca.

Según el Sistema de Información sobre Desplazamiento Forzado y Derechos Humanos (SISDHES), en un reporte de febrero de 2008 hecho a  CODHES, para el año 2007 Pereira estaba entre los primeros 101 municipios más afectados por el desplazamiento forzado con una totalidad de 7.521.

 Según  cifras de CODHES, el departamento de Risaralda ha presentado un incremento en deslazamiento a partir del año 1999, cuando tenía una cifra de 2.227 desplazados, pero para el reporte hecho en el año 2007, Risaralda tenía 5.498 desplazados, cifras que han incrementado en la actualidad.

Según estadísticas de Acción Social, Pereira, tiene un acumulado de 27.078 desplazados, equivalentes al 6,6% de la población total de la ciudad.

Los niños son los más afectados en la problemática del desplazamiento. Son aproximadamente 412.500 niños que huyen con sus familias por presiones de diversos actores armados.

El hecho de que Pereira sea una ciudad receptora de población desplazada trae algunas repercusiones para la ciudad, como lo afirma el sociólogo de la universidad de Antioquia Alberto Hugo Soto Hurtado, la principal consecuencia que trae  el desplazamiento masivo es la violencia.

Según Soto, esto se debe al desempleo que traen consigo los desplazados cuando se movilizan de su lugar de origen.  “Recién llegan a la ciudad se ven afectados por el desempleo, por la falta de ingresos, pero también por el rechazo por parte de la ciudadanía. Son estos los principales  motivos de la existencia de pandillas que ocasionan los atracos a mano armada, el sicariato, la prostitución, el consumo de sustancias psicoactivas y son todas estas cosas las que terminan afectando a la ciudad”.

Pereira es mirada como una zona en la que se puede emprender una nueva vida, ya que su aspecto comercial, agrícola y de desarrollo general es algo atrayente para aquellas personas que han tenido que dejarlo todo a causa de la guerra u otros motivos.

Uno de los principales atractivos de Pereira como ciudad receptora es su ubicación geográfica. “Estamos en un lugar estratégico en el centro del país. En el corazón de Colombia”, afirma el sociólogo Oscar Arango Gaviria. Según éste, el conflicto armado que vivió el Eje Cafetero en los años noventa fue una de las causas fundamentales para que muchas personas de la misma región decidieran reiniciar sus vidas en Pereira.

 Esto lleva a encontrar algunos efectos “agridulces” en los que cabe el hecho de que la ciudad no está preparada para recibir oleadas de gente.  Es aquí cuando la ciudad debe ofrecer apoyo, tanto social como psicosocial. “Los desplazados deben ser atendidos como lo ordena el gobierno, aunque eso cause empobrecimiento a la ciudad”, dice Gaviria.

Son muchas las familias que encuentran en el departamento de Risaralda una solución al problema del desplazamiento. Aunque las autoridades competentes no tengan los recursos suficientes para atender esta cantidad de personas, la ciudad tiene una oferta institucional para desplazados que consiste en brindar ayuda humanitaria que incluye la pronta solución de su problema como desplazado, la reunificación familiar, incluyendo el retorno a su lugar de origen.

Pero más que esta oferta institucional, existe otro motivo por el cual la población desplazada  se viene incrementando de  manera notoria en los últimos años. Parte de esta población decide refugiarse en Pereira por el hecho de que existen personas que sirven de anclaje para su reubicación. Ya sean familiares, amigos o conocidos, quienes dan indicaciones  del cómo llegar y en dónde ubicarse.

Aunque se diga  que Pereira es una ciudad comercial, que hay oportunidad de salir adelante, no hay posibilidades que favorezcan a todos aquellos refugiados en la ciudad, pues muchos se ven en la obligación de buscar trabajo por fuera de la región para el sostenimiento económico de su familia.

Esto sucede con la familia de Yancy Lorena Machado, una joven de 20 años proveniente de Santa Cecilia, Risaralda. Ella a sus diez años de edad se vio obligada a salir de su pueblo con el que seguiría siendo su pareja y poco después tendrían cinco hijos.

“Nos vinimos por miedo a que la guerrilla nos matara al igual que  muchas otras personas”. La alternativa económica en Pereira fue escasa para sostener a cinco pequeños, por lo que su esposo se vio en la obligación de salir de la región y trabajar como vendedor ambulante. De este modo los visita una vez por mes llevándoles lo poco y nada que puede conseguir y dejando que ellos se defiendan, pues cada quien intenta ayudar con lo que más pueda.

El 55% del total de la población desplazada por violencia en Colombia es menor de 18 años.

Esta pareja –al igual que muchos otros- ha sufrido el rechazo de algunos por el hecho de ser desplazados. “A veces uno busca trabajo, se presenta como desplazado y lo desprecian, se busca alimento y nada. Nosotros no tenemos agua, nos la regala un vecino, se pasan muchas humillaciones, lavamos la ropa en el rio Consota. Aunque ya estamos registrados como desplazados, no nos ha llegado ninguna ayuda por parte del gobierno”.

Otro es el caso de María –como prefiere ser llamada-, quien a causa de las constantes amenazas y matanzas  por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), un día a las 12:00 m. fue desterrada de sus tierras, a través de agresiones físicas, subida en una avioneta, en embarazo de su última hija (Yulieth) y en compañía de su esposo y demás hijos.

Ella recuerda con rencor el día en que el alcalde del pueblo los envió en una avioneta, con una carta que los identificaba como víctimas del desplazamiento forzado a un viaje del cual ellos ignoraban ruta y destino. Durante el trayecto se dio cuenta que hacían escala en Villavicencio, Bogotá, hasta Pereira.

 Ahora, cinco años después, tras haber recibido un par de colchonetas, dos mercados y cobijas, sigue esperando la ayuda del gobierno, mientras sus hijos crecen bañándose en las aguas turbias del río Consota.