Tumaco: una oportunidad perdida entre la sangre

Por: Juan Camilo Barragán

Tumaco, también conocido como “La perla del Pacifico”, posee una gran riqueza natural en cuanto a selva húmeda tropical, por ende, el cultivo de palma africana, la industria camaronera y la extracción de crudo, son algunas de sus principales fuentes económicas y de progreso, el cual no se ha visto según los habitantes del municipio ya que en cuanto a la industria camaronera, los marineros son extranjeros, no se bajan para abastecerse de víveres, todo el producido se lo llevan al exterior y algunas veces hacia el interior del país. La frase que acompaña el escudo de la ciudad, parece no cumplirse: Social e Incluyente.

Bajo una temperatura ambiente de aproximados 28ºC, sin aire acondicionado, y mucho menos sin el servicio de internet, trabajan diariamente en la Personería Municipal de Tumaco, municipio nariñense ubicado en el sur del país.

Detalles como la ausencia del servicio de internet en una dependencia como lo es la personería, reflejan la desorganización en la administración municipal. Por ello, habitantes como Alirio Murillo, taxista tumaqueño de 46 años, viven hastiados y cansados de la situación que afronta el municipio. Nuevo Milenio, uno de los barrios de Tumaco, donde su suelo es arena y el pantano que alguna vez fue un manglar, las personas han levantado sus hogares para poder tener un refugio para sus familias, pero es también la falta de oportunidades de empleo la que ha hecho que estas personas tomen terrenos no aptos para su vivienda. Para la desdicha de los tumaqueños, el desempleo, la falta de oportunidades, la utilización de su área marítima por parte de extranjeros, y el mal desarrollo de obras públicas no son sus únicos tormentos. La inseguridad es un problema mayúsculo que desde hace algunos años aqueja al municipio.

En una zona un poco aislada del centro, pero cerca a una de las bases de Ecopetrol, se encuentra la sede de la Universidad de Nariño, la cual es coordinada por Leder Fernando Castillo, quien con coraje ha tratado de sacar dicha institución adelante, ya que no contamos con ninguna ayuda por parte del municipio, nos sostenemos solo con las matrículas y con las ayudas de la Gobernación y la sede principal, además… los egresados de la universidad tienen que esperar turno para trabajar porque Tumaco no genera empleo calificado.

La dificultad en el orden público y la tranquilidad de su gente, viene siendo afectada desde el 2007, año en el cual el departamento de Nariño fue el más afectado por la violencia. La principal causa de la inseguridad urbana que se vive en Tumaco es la guerra entre grupos armados ilegales y bandas al servicio del narcotráfico, peleándose entre sí por zonas o territorios, y trayendo consigo un paradójico resultado.

Además de la presencia de los actores armados y la coca, otras dos razones están provocando el desplazamiento: la débil presencia del Estado y la presión por la tierra. La falta de institucionalidad estatal hace difícil la vida en la zona rural. Esta clase de temas, fueron tratados en el I Seminario de interés económico y social, el pasado 20 de mayo en el auditorio de la cámara de comercio de Tumaco, en donde, Jesús Martínez, decano de la facultad de ciencias económicas y administrativas de la Universidad de Nariño sede Pasto, fue uno de los expositores, quien decía que: …Tumaco está en crisis social, todos los indicadores sociales están pesando negativamente en un 40% por ciento por debajo de los promedios nacionales. Nada diferente a lo que se ve allí.

 La carencia de recursos económicos y la necesidad de progreso y desarrollo, son los dos factores que la comunidad de Tumaco, necesita para sostener un equilibrio natural de subsistencia. Es notoria la falta de compromiso social que han tenido los gobiernos pasados, partiendo que …la carretera principal que une a Tumaco con Pasto, está en pésimo estado, afirma Martínez. Como consecuencia a estos asuntos, el nivel de vida ha ido decreciendo.

Pese a lo anterior, se entiende que los municipios se sostienen con recursos propios, o sea, los impuestos, pero como la absoluta mayoría de la población es pobre, manifiesta Martínez, el municipio no tiene un amplio recaudo de impuestos. Debido a esto, Tumaco posee ciertas dificultades que impiden el óptimo nivel de vida de su gentes, como lo es el problema vial, educativo,  de salud y el desempleo.

Por tener una terminal de Ecopetrol, la cual cuenta con un oleoducto de 306 kilómetros que transportan petróleo desde Ecuador hasta el puerto de Tumaco, este municipio recibe regalías, pero después de los derroches de esos dineros y la poca reinversión que se hace allí, son vigentes los aprietos que tiene la población tumaqueña. Sin embargo, este municipio solo recibe regalías por ser puerto por el cual sale el petróleo, no como municipio productor”, dice Martínez. Según Jesús Martínez, las universidades deben de participar como veedurías para las decisiones, ya que en el departamento de Nariño, se han extraviado algunos dineros pertenecientes a este tema y, por consiguiente, los proyectos sociales no son culminados.

Claudia López, analista política en Hora 20 y lasillavacia.com, se refiere a las administraciones municipales, es decir al Alcalde, como un jefe de policía, ya que desde su punto de vista la responsabilidad de lo que acontece en cualquier parte del país es directamente del Presidente de la República; el principal problema de muchas administraciones municipales, es que el gobierno nacional no cumple su tarea, no cumple con tener el monopolio de la fuerza y la justicia, y deja expósitos a los territorios, a sus poblaciones y a sus autoridades a la influencia o competencia de actores armados ilegales que disputan el control del territorio y el monopolio de la fuerza y la justicia.

Indígenas de Pueblo Rico siguen sin respuestas

Situación de desplazamiento, violación de derechos humanos, poca atención del gobierno municipal y condiciones de vida deplorables, son los reclamos de los representantes indígenas. Autoridades no tienen respuestas o reclaman por la falta de veracidad de las acusaciones.

 

Por: Karla Agudelo Urquijo

César  Augusto Osorno Franco

Kr_la_1@hotmail.com

c3sar_a@hotmail.com

“El problema es que somos fuente y somos medio”, así lo manifiesta Hernando González, Gobernador indígena de Pueblo Rico, municipio del departamento de Risaralda, quien asume el rol de ser el responsable de velar por las comunidades indígenas y sobre los problemas actuales de los resguardos con las  entidades del gobierno.

Marcan las tres de la tarde, los medios de comunicación, los representantes del gobierno y presuntos participantes entran y salen del pequeño salón donde se realiza otra reunión. Los líderes de resguardos indígenas reclamarán, después de varios intentos, una vez más por sus derechos. Esta vez no se conformarán con un no, o con un tal vez, por lo tanto denunciarán todos los actos de violencia que se ha han presentado durante los últimos años, mientras se sigue a la espera de una respuesta de la Defensoría del Pueblo y la Policía Nacional.

En Risaralda es alto el número de casos en los cuales comunidades indígenas se encuentran en riesgo de ser despojadas de sus tierras y territorios, lo que evidencia serios conflictos que se relacionan con intereses de orden económico. El drama de desplazamiento, violencia, salud y educación en Risaralda no se detiene, decenas de familias siguen siendo expulsadas de sus territorios, especialmente en los municipios occidentales, por estructuras armadas que continúan actuando impunemente.

“Silenciar” es uno de los términos que más pronuncian los habitantes, ya que son víctimas del conflicto que se vive día a día y que ha trascendido hasta llegar a la muerte y desaparición de personas. “Acá en mi pueblo sí se han visto actos de violencia, porque hay varias bandas comunes que atracan a las personas, y además se han desaparecido varios individuos en la carretera del pueblo, cosa que nos afecta mucho, ya que el Ejército nos promete seguridad y lo que vemos es inseguridad”, afirma Fernando Chalarca, habitante de Pueblo Rico.

Los habitantes, en su mayoría, se sienten desprotegidos ya que las entidades que brindan  seguridad no cumplen el papel como debería ser. Estas esperan a pase un suceso mayor para poder tomar represalias sobre el asunto. Es así como el Coronel Álvaro Fernando Bocanegra, comandante del batallón San Mateo de la ciudad de Pereira, confronta que la situación de orden público en Pueblo Rico es segura desde hace tres años, además expresa que no ha habido ningún enfrentamiento del Ejército con grupos al margen de la ley en territorios del municipio desde el año 2008.

Rosalba Nakabera, indígena afectada por la violencia, ha decidido romper el silencio y contar sobre la desaparición de su esposo, ocurrida hace nueve años. “Él salió en el año 2002 de la vereda de Minitas a vender panela molida, yuca y plátano a Santa Cecilia para poder comprar el mercado. Él se subió en el bus de las 11 de la mañana y lo bajaron unos encapuchados. Cuando yo salí a buscarlo y a preguntar por él, me dijeron que si era el que vendía la panela, que a él se lo habían llevado… yo no hice el denuncio, me daba miedo”.

Como este caso son muchos, ya que por miedo se callan muchas voces que soportan la humillación y sufrimiento al perder a sus esposos, hijos y padres, como testifica Orlando Querangama,  líder indígena de la comunidad La Loma.

 

Actualmente el conflicto que viven los habitantes con los entes gubernamentales crece de manera drástica, poniendo un contexto en el cual se incrementa la demanda de violencia, conflicto de territorio y desplazamiento de grupos indígenas. De acuerdo con versiones de habitantes de Pueblo Rico y grupos indígenas, el gobierno sólo utiliza estrategias para evadir los temas que generan discordia, aplazando cada vez más las demandas que cada líder antepone para  que el conflicto tenga un fin.

“Debemos ser partícipes del desarrollo, mas no ver pasar el desarrollo”, dijo un poco alterado Jaime Mena Buenaños, alcalde de Pueblo Rico. “No nos sirve de nada, no colabora ni con un vaso de agua, solo piensa como todo político en su bienestar, mejor dicho, para él nosotros no somos nada”, dice Fernando Chalarca, habitante de Pueblo Rico.

Comunidades indígenas contra Alcaldía de Pueblo Rico

“No ha hecho nada, esta administración no ha hecho nada para el pueblo”, afirma José Alba García, habitante de Pueblo Rico y principal opositora del Alcalde Buenaños. Es así como muchas voces especifican que el Alcalde de Pueblo Rico, Jaime Mena, no se esmeró por proteger a sus habitantes, que lo único que realizó fue sacar mil disculpas para poder tapar los verdaderos actos de su administración. “Yo tengo un problema con unos indígenas desplazados de La Soledad, se le ha pedido el favor al señor Alcalde por medio de videos, como también a la Personera y no hacen nada, no colaboran para nada”, manifiesta García.

“Nosotros vinimos porque un volcán se derrumbó en mi casa y por eso nos vinimos a esta casita, y el Alcalde no nos ayudó ni un poco, el gobierno menos, y le decimos a Jaime que nos ayude y que más tarde, y por eso yo no subo por allá porque siempre me dejan sin nada”, asegura Raúl Charichy, afectado por la catástrofe natural.

 

Buenaños reitera que la situación en el municipio, con respecto a los indígenas, es un poquito más complicada en relación a las demás personas de la comunidad, no obstante, ellos al menos pueden recibir recursos que envía el Estado por el sistema general de participación. “La población campesina es pobre, las condiciones de vida son deprimentes, nosotros como Alcaldía los ayudamos en todo”.

En la reunión de Mesa de Organizaciones Sociales y Derechos Humanos, el Comité Regional Indígena (CRIR) presentó a las autoridades civiles, militares y otras entidades estatales, las siguientes consideraciones con el ánimo de aportar elementos a la discusión para implantar una estrategia que brinde condiciones de seguridad y garantía a defensores y defensoras, y a líderes sociales en el desarrollo del trabajo a favor de los derechos humanos en Risaralda.

“Llevamos más de 10 reuniones presentando los mismos casos de violencia, pero parece como si sólo vinieran a sentarse a escuchar y no poner cuidado a lo que necesitamos saber”, exclama Hernando Aguirre, representante ante el gobierno por los grupos indígenas.

 

Es un caos al escuchar todas las demandas que se presentan en Risaralda y más en la parte occidental, otra vez el gobierno no tiene explicación de los sucesos ocurridos en estos territorios. Aguirre lee con mayor cuidado todos los actos de violencia que se han presentado en los dos últimos años. En el lado izquierdo, donde están ubicadas todas las entidades del gobierno, se ve la incomodidad, ya que no tienen cómo responder a  dichas demandas. “Fuimos acusados hasta de corruptos”, es así como se expresa el Coronel Bocanegra al llegar al batallón San Mateo de Pereira.

“El gobierno lo único que hace es posponer las respuestas que pedimos con mayor respeto”, comenta Alberto Guazorna a su amigo Guillermo, integrante de la etnia indígena Embera Chamí.

Pasan cinco horas, con las mismas discordias, malentendidos, sugerencias y no se llega a ningún acuerdo. Es allí donde se escucha por primera vez la voz del Defensor del Pueblo Luis Carlos Leal, admitiendo que esta reunión una vez más ha sido desperdiciada, proponiendo así a los entes del gobierno y líderes de resguardos indígenas que se reunieran el 1 de junio, para así entablar por fin una solución a todas las problemáticas que se enunciaron.

El desplazamiento forzado y la violación a derechos humanos en el municipio de Pueblo Rico, se producen en un contexto de conflicto armado. La población, los indígenas y demás habitantes callan ante la problemática del entorno, como pasó en los años 80 con la llegada del M-19 al municipio. Esta guerrilla despojó y arruinó a miles de familias, trayendo disputas en territorios indígenas, obligándolos a huir a lugares desconocidos, es lo que dice el sociólogo Luis Adolfo Martínez en su libro “Conflicto, Desarrollo y Derecho a la Vida”.

Demandas, súplicas y  rezos es lo que hacen con mayor fervor los líderes de los resguardos afectados, dirigiéndose a los entes del gobierno, pero todo pareciera quedar en promesas, sin lograr alguna solución.