La locomotora minera sale del closet

Opinión de Carlos Victoria

A todas luces no es compatible el desarrollo minero a gran escala con los derechos colectivos a un ambiente sano. Las escaramuzas de las últimas semanas en distintos lugares del país por cuenta del malestar social que produce a su paso la locomotora minera, metáfora que inculca la supremacía del patrón dominante en las políticas extractivas, solo están reflejando que el legado de la Constitución de 1991 no ha sido tan mezquino como algunas pretenden hacer creer.

La participación ciudadana cuando se transforma en protesta social adquiere el estatus legítimo de  inconformidad popular. Y eso es justamente lo que se observa tras los procesos de reclamo comunitario alrededor del derecho al agua, a la soberanía alimentaria y en últimas a una vida digna. La misma que no están garantizando las multinacionales que configuran el cartel minero energético a costa de doblarle el espinazo a  algunas autoridades ambientales y gobernantes locales que, en muchos casos, han servido en bandeja de plata sus territorios.

A medida que los conflictos ambientales se agudizan por cuenta del avance de la llamada locomotora, la estrategia de las multinacionales consiste en atenuar la violencia policial que se desata en los campos colombianos contra los reclamantes, mediante el uso de propaganda en la que el lobo se viste con piel de oveja. En otros casos se apela a la maniquea responsabilidad social con la cual se pretende cooptar la informidad ciudadana. En últimas construyen una gobernabilidad mediática en pos del control social.

Pacific Rubiales CorporationAngloGold Ashanti y la Drummond Company, Inc., entre otras compañías extranjeras, apelan al lobby propagandístico para ganarse las mentes y los corazones de los colombianos. Han salido del incomodo closet, pasando a una ofensiva que no solo se contrarresta con gases lacrimógenos, balas de goma y bolillazos, como bien se pudo observar en el documental elaborado por el periodista Bladimir Espitia Sánchez . El contra ataque incorpora una ofensiva publicitaria sin precedentes, apelando a testimonios de operarios, familiares y técnicos.  

Detrás de la campaña publicitaria y los periodistas ancla destacados en los grandes medios de comunicación del país,  se busca manipular a la opinión pública, si tomamos en cuenta  al experto Guillermo Rudas Lleras, para quien se estaría legitimando un verdadero paraíso fiscal en favor de las multinacionales:  “las regalías  -en el caso del oro- deberían estar entre el 4 por ciento (filón) y el 6 por ciento (aluvión) del valor de la producción, pero sólo representaron el 3,8 por ciento por ciento de dicho valor durante el período de 2002-2010”. Este solo dato, entre otros tantos, desmiente de entrada el eslogan de la campaña “Pacific es para mí”.

La campaña contra la denominada “minería ilegal” es la mejor demostración para abrirle la puerta al capital extranjero a la riqueza de todos los colombianos, porque mientras sataniza a los mineros tradicionales, quienes “toda la vida” han vivido de barequear y arriesgar su vida en un socavón, se presenta a las multinacionales como las únicas capaces y eficientes, siguiendo la tradición colonial de las élites criollas. Como sostiene Rudas, si las reglas del juego no cambian  “los aportes de la minería al país seguirán siendo una vana ilusión, especialmente si se contrastan con el alto riesgo social y ambiental que esta actividad implica”.

Desentrañar la guerra sucia, la manipulación propagandística y el vasallaje mediático de los grandes conglomerados informativos, es parte del ejercicio que le corresponde a la comunicación alternativa y al periodismo independiente. La repercusión mundial del documental del periodista Espita Sánchez es un ejemplo elocuente de que las grandes multinacionales y medios de comunicación no lo pueden controlar todo, a pesar de su poderío.

La Colosa se convierte en símbolo de resistencia

Por: Andrea Montoya

El departamento del Tolima, ubicado en el centro occidente del país, posee una gran riqueza mineral en oro, que es reconocida desde el período prehispánico en el comercio, la fabricación de herramientas y la orfebrería. Bajo los suelos de Cajamarca –uno de los municipios del Tolíma- yacen alrededor de 300 toneladas de oro, que pretenden ser explotadas por la multinacional minera Anglogold Ashanti (AGA).

Panorámica de las montañas de Cajamarca en el Tolima.

La AGA tiene la potestad mercantil sobre el proyecto La Colosa y su  interés prima en la obtención de la licencia ambiental que le permitirá concretar el mega-proyecto minero. Sin embargo, Cortolima, encargada de otorgar el permiso correspondiente, aún no se lo ha proporcionado.

 

Anglogold Ashanti fue premiada por Greenpeace

con el galardón “Public Eye”, en enero del 2011,

por ser la multinacional minera más

irresponsable del mundo.

 

En Cajamarca las entidades Ecotierra, Conciencia Campesina y Cosajuca, están en contra de la intención de AngloGold Ashanti de obtener la licencia ambiental, argumentando que la multinacional desea explotar de manera irresponsable el lugar desde el momento en que se pretenda desarrollar la  etapa inicial del proyecto, alterando la constitución natural de este espacio ecológico y a largo plazo  provocando consecuencias irreversibles en cuanto a suelos y fuentes hídricas.

Wilson Báez, Vicepresidente de la entidad Conciencia Campesina.

Los municipios de El Espinal y El Guamo son los que se manifiestan con mayor fuerza en desacuerdo con el proyecto al afirmar que dicha multinacional los dejará sin agua. Adicionalmente, manifiestan que lo que se gastan en un año en el proceso minero de La Colosa equivale al almacenamiento hídrico que tiene Cajamarca.

 

Habla AngloGold Ashanti

 

En contraste con esta situación, la funcionaria Lauren Parra, profesional sénior social dentro de Anglogold Ashanti, dice que estas aseveraciones son falsas, en tanto la comunidad cercana a esta zona se encuentra desinformada al respecto y provoca continuas e innecesarias polémicas en relación a este asunto.

“La minería moderna representa no sólo una oportunidad económica a través de regalías, impuestos, compras locales, desarrollo de servicios e infraestructura, sino que hoy por hoy, debe dentro de su responsabilidad empresarial, asegurar su complementariedad con las actividades existentes en la zona de influencia”, expresó sobre el tema  Ramiro Santa, vicepresidente de asuntos corporativos de AngloGold en una entrevista brindada a la Silla Vacía.

 

Rafael Herz, presidente de AngloGold Ashanti, dice que gracias al proyecto minero de La Colosa le entrarán al país 500 millones de dólares al año por regalías. Fotografía: Portafolio.co

 

Haciendo cálculos basados en las propias estadísticas de consumo de agua de AngloGold a nivel mundial, se puede evidenciar que la mina consumirá unos 9 millones de metros cúbicos al año, lo cual equivale al consumo mínimo de unas 500.000 mil personas, en una zona donde la población es alrededor de 20.000 personas.

La zona de influencia de la mina depende del agua para la producción agrícola. Esa producción está amenazada por la minería. La mina estará en operación aproximadamente 15 años, dando empleo a unas 500 personas, pero se debe considerar que la mayor parte de las minas del mundo generan un problema de drenaje de aguas acídicas con presencia de metales pesados como el arsénico y el cobalto. Este problema del drenaje de aguas contaminadas genera unos costos que tendrán que asumir las comunidades.

Por otra parte, la creación de empleos regionales no debe opacar las intenciones secundarias que propone este monopolio minero, puesto que existen argumentos complementarios que no se soportan únicamente en el aspecto ambiental.

Evelio Campos Rodriguez, Coordinador general de Ecotierra.

 

Polarización de un municipio

 

Entre las múltiples consecuencias que acarrean el desarrollo del proyecto, algunos pobladores aseveran que la continuación de la explotación minera, genera una polarización de sus pobladores: aquellos que aunque no desconocen la realidad a la que se enfrentarán, dependen de la  inversión extranjera  como posibilidad para  emplearse. Y del otro lado, los que se oponen a una  exploración minera en un país como Colombia, que tiene una gran biodiversidad.

Robinson Mejía Díaz, poblador y cofundador del Colectivo Socio Ambiental Juvenil  de Cajamarca (COSAJUCA), expone cómo su lucha y la de quienes conforman la entidad se ve obstaculizada en gran medida por los mismos habitantes del municipio tolimense, que necesitan vacantes garantizadas por la multinacional AngloGold, “Antes de luchar contra la entidad minera AngloGold Ashanti, nos están haciendo luchar contra nosotros mismos, contra nuestros vecinos y amigos; porque mientras el Estado no garantice una vida laboral digna, muchos de ellos seguirán dependiendo de la minera La Colosa para conseguir y asegurar la papita diaria y por lo tanto no se van a arriesgar a apoyar nuestra labor”.

La AGA tiene concesionadas

más de 800 mil hectáreas en todo el país.

Contra los proyectos exploratorios de AngloGold Ashanti han surgido varias entidades: Cosajuca, Unión Campesina por la Defensa del Medio Ambiente y el Territorio (UCAT) y Emprendedores por la ecología y la tierra (ECOTIERRA), que desde la postura de jóvenes, campesinos y ambientalistas, buscan evitar una catástrofe para la despensa agrícola de Colombia.

Carlos Gámez Aguirre, director de la entidad UCAT.

 

La demografía en Cajamarca está calculada en aproximadamente 19.500 pobladores, para los cuales una explotación a cielo abierto, durante 15 años, que empleará anualmente 500 coterráneos, no será una garantía  para el crecimiento económico y por ende la mejora de las condiciones actuales en las que laboran, pues se destruiría la capa vegetal necesaria para la producción agrícola, de la que depende más de la mitad de la población, como lo asegura Carlos Humberto Gámez, líder comunal de la vereda Los Alpes: “no existirán condiciones futuras para los cajamarquinos, si se continúan explotando todos los recursos no renovables”.

En búsqueda de las peñas blancas y el tesoro del Cacique Calarcá

 

Cómo mito generacional, está la famosa historia de un indio guerrero, que escondió su tesoro en las profundidades rocosas de la cordillera central, cerca de Calarcá, Quindío.

Fundadores y colonizadores buscaron cantidades inimaginables del metal precioso, hasta que se estableció la multinacional minera Anglogold Ashanti, en lo que Colombia Solidarity Campaign, considera la reserva de oro más codiciada de Colombia, La Colosa en Cajamarca.

“El tesoro ya tiene dueño. ¡Increíble! Lo encontraron unos colonizadores que ya no usan carabelas ni armaduras: una multinacional de la minería, la AngloGold Ashanti, halló por fin el tesoro del Cacique Calarcá, a escasos 40 minutos del pueblo que lleva su nombre pero en jurisdicción de otro municipio llamado Cajamarca… No estaba enterrado en las Peñas Blancas sino algunos kilómetros más arriba, en pleno páramo, debajo de una loma empinada a los 3100 metros… Hablaron el año pasado de uno de los diez yacimientos de oro más grandes del mundo, y presos de esa enfermedad humana antiquísima, comenzaron por nominarlo: lo llamaron La Colosa,” escrito por Redepaz Quindío en el sitio web Ingeniería Crítica de la Universidad Nacional de Colombia.

 

Parque central de Cajamarca.

 

Algunos estudios aseguran que las consecuencias de explotación minera en la reserva forestal  La Colosa en Cajamarca, podrían traducirse en la situación actual de la mina de oro en Yanacocha, Perú, con graves afecciones en los afluentes, en la variedad de especies animales y vegetales, al aire, a la salud humana, pero esta se convertiría, según la Asociación de la cuenca del Río Coello y el GAP de la universidad del Rosario, en la tercer mina de oro más grande en Latinoamérica, después de Yanacocha y de Escondida en Chile.

También organizaciones ambientalistas nacionales como la CENSAT, aseguran que después de establecerse la AngloGold Ashanti en territorio tolimense, “fueron detenidos de manera arbitraria 59 campesinos en el año 2003 y dejados semanas después en libertad. El 2 de noviembre fueron asesinados cinco miembros de la comunidad, entre ellos dos dirigentes sindicales y un defensor de derechos humanos; seguidamente, se produjeron desapariciones forzadas…”

 

Evelio Campo Rodríguez, coordinador general de Ecotierra, asegura que  después de tres años de riguroso seguimiento a la consecuencia de sector de La Colosa,  no han encontrado un solo emprendimiento minero en Latinoamérica y en el mundo que sea beneficioso para las personas que viven alrededor de él.  Indudablemente enriquecedor para la compañía minera, para los funcionarios públicos y para quienes entregan las licencias, pero no para sus pobladores.

“Colombia tiene más de 30 mil solicitudes de minería en las tres cordilleras y está entregada en más de 10 millones de hectáreas a la minería. Si esto continúa, Colombia desaparece indiscutiblemente como país mega diverso”, expuso Rodríguez.

La nación y los pobladores de Cajamarca ya conocen el costo ambiental que trae la mega minería, por ende la solución sería dejarla a un lado y apostarle a lo que mejor han sabido hacer a lo largo de su historia. Potencializar el agro, el ecoturismo y la agroecología, pero sobre todo como comunidad, evitando a toda costa que pierda su identidad como agricultores natos y aunque minifundistas, dueños de sus tierra, de sus verdes y parcelas.

El tesoro perdido

Por: Andrea Ruiz Manrique – Andreitamanrique_@hotmail.com

“Tu bandera condensa en colores, heroísmo, carbón  y café y el oro que está en tus rincones, permitiendo en tu suelo crecer”

 III ESTROFA HIMNO QUINCHIA

Localizado al nororiente de Risaralda, exactamente a 105km de la ciudad de Pereira hay un pequeño rincón; uno de aquellos  de esperanza y olvido. Un rincón de largas faldas y casas viejas, de gente amable y trabajadora. Un rincón de casas abandonadas por el paso de la violencia, que aun  en sus muros guarda  el recuerdo de las Farc, paramilitares y todas aquellos que sin reparo alguno hicieron parte de múltiples masacres y desplazamientos, dejando huellas imborrables en las vidas de aquellos  habitantes, que más de una noche con temor y en silencio salieron de sus tierras dejándolo todo, huyéndole a la violencia y rindiéndose a ser olvidados por un gobierno sin memoria.

Este pequeño, pero dorado rincón de Risaralda se llama Quinchia, un municipio de 31.991 habitantes, custodiado por Rio sucio, Belén de Umbría, Anserma, Filadelfia y Guatica. Municipios que desde sus montañas vigilan lo que ocurre en este  rincón dorado de Risaralda.

Para llegar hasta este lugar privilegiado por la naturaleza solo se necesita dejar el miedo, tres horas de viaje desde Pereira, muchas curvas, pocos pesos y rendirse al placer que se siente conocer las montañas de Colombia. No se necesita un permiso ni nada parecido para pisar territorio dorado, no se necesita nada más para sumergirse en la aventura y en la cruda realidad de las minas de oro; las cuales se encuentran a las afueras de Quincha, exactamente a 80 minutos de viaje en moto, por carreteras que parecen pistas de moto cross; esto se vuelve parte de la aventura, será por esta misma razón que aun nadie las recuerda, ningún gobierno de turno se ha tomado la molestia de mejorar las vías por las que viaja el oro, carbón, arcilla y demás riquezas. Riquezas en medio de la pobreza y el olvido.

El mineral en las manos obtenido por la destruccion de la naturaleza

“Palabras sobran, promesas sobra, y mire usted, cumplimiento nada, la alcaldía no se ha preocupado nunca por esto, las carreteras entre mas malas como que mejor, va uno y se accidenta y quien le responde”  Con indignación y sosteniendo fuerte su moto para no caerse, dice Juan Carlos López, un mototaxista de piel morena y ojos un poco achinados, uno de los tantos  que ha visto  la muerte en las empinadas y rocosas carreteras que comunican a Quinchia con las minas de oro.

Cada roca se vuelve un reto, desde arriba se ve un paisaje maravilloso, cada kilometro   avanzado es uno más cerca del oro. Varias veredas se ven de paso, en ellas niños corriendo, juagando con gallinas y marranos, y quien lo creyera, su ropa no es la mejor y las casas no son la mansiones que se creería cuando están construidas sobre suelo de oro.

“El interés particular del gobierno siempre va a estar por encima de lo social y su comunidad, es un interés económico, nosotras para abajo y ellos para arriba, las multinacionales tiene todo el privilegio, ellos entran los dólares a Quinchia” afirma Roberto Lema Castro presidente asociación minera la soledad y defensor de la asamblea departamental minera, quien conoce la minería desde hace mas de 15 años y ha vivido los problemas e injusticias que tienen los pequeños mineros.

La moto sigue saltando, y Juan Carlos sigue hablando sobre su experiencia como minero, los riesgos y beneficios que este trabajo conlleva.

La minería de Quinchia es artesanal. La mayoría son pequeños mineros aproximadamente entre 800 y 1000 personas, llámese aluvión filón y barequeo. La minería filón es la que se hace sobre una roca, el aluvión se hace en terreno destapado y el barequeo en los ríos y quebradas. Estas personas, en su gran mayoría son trabajadores independientes y muy pocos cuentan con un seguro de vida o de salud, trabajan a la suerte, hoy no tal vez mañana si se les venga la montaña encima “Hoy tal vez no mañana si saco mas oro” expresión con la que finaliza más de uno su jornada de trabajo como Jorge Espinoza, quien se encarga de moler en la mina la Soledad y de excavar en su propia tierra esperando amanecer algún día con suerte y encontrar en su terreno una mina de oro y salir de la pobreza de un suelo dorado.

Ya han pasado un poco más de 80 minutos, los pies casi ni se sienten, la moto se detiene, pero no se ve nada. “Ahora hay que caminar, esta es la mina de Miraflores, hágale ahí pa´ bajo”. Dice Juan Carlos.

Con palo en mano y al estilo desafío se empieza a descender, de fondo el sonido de un rio y las hojas de los arboles que se balancean con el viento, desde el camino ya empiezan a resurgir historias.

Olver Guapacha Clavijo vive en la vereda Juan Tapao con su esposa y sus 5 hijos. Inicialmente trabajaba agricultura pero ahora a sus 34 años es minero, tomó la decisión de ser  minero ya que pasaba por un problema económico muy duro, “me pagaban 60 mil pesos semanalmente y no me alcanzaba para mantener a mi familia es imposible vivir, lo hice por mis hijos”.

La vida de un minero en las entrañas de la tierra aparte del barro es la ilusión de sacar oro, su única compañía es un martillo, un cincel  y la ilusión siempre presente de encontrar buenas cantidades de oro.

Al llegar al socavón, se esperaría encontrar la gran empresa, una locación gigante y maquinaria de punta; pero la realidad es otra “Vivimos en pobreza gracias al estado, no hay ayudas para nosotros, los pequeños mineros,  cuando solicitamos un permiso y un titulo minero para explotar, nos toca  esperan 5 años o más, mientras que  las multinacionales llegan con sus permisos y títulos de un día para otro ¿esto cómo se llama?” dice Roberto Lema.

¿Cómo se llama esto?, aun no está claro, ni la Alcaldía de Quinchia tiene conocimiento de los trámites de las multinacionales, no hay papeles, no hay registros;  “Me vas a preguntar  cosas de las minas de las cuales yo tengo desconocimiento, sobre las multinacionales como la Anglogold Ashanti, solo sé que ellos venían a pasar algunos informes, pero no tienen permisos ni nada con la Alcaldía”  dice algo confundida y sin saber mucho de lo que habla Viviana Uribe directora de UMATA, oficina encargada sobre la agricultura y minas en el municipio.

MULTINACIONALES EN BUSCA DEL TESORO PERDIDO

Hace cuatro años la multinacional Anglogold Ashanti llego desde Sudáfrica y piso el suelo de Quinchia, con las mejores intenciones, progreso, ingresos, empleo, negocios; Con esta llegada se genera buen empleo, mas personas que excaven y hagan sus exploraciones, todo es un alboroto económico, pero cuando parte a su tierra natal, solo quedan los escombros, las huellas de retroexcavadoras y el terreno maltratado. Respecto a esto el presidente de la asociación minera La Soledad dice “El dinero que llega por parte de las multinacionales es para el estado y otra para los oportunistas que negociaron con ellos”

 “Revuelcan nuestra tierra y la dejan sin poderla trabajar” con tristeza expresa el minero Olver Guapacha.

Las minas en su interior. Se siente la presión de la tierras encima de los mineros

Cuando hay presencia de multinacionales, los habitantes se preocupan y empieza la batalla campal con el gobierno, se oponen a que extranjeros exploten lo que es de ellos a cambio de pocos beneficios, por esta razón cuando se sintieron los pasos agigantados de extranjeros hace cuatro años los mineros solicitaron al estado  hacer una reserva de sus tierras, el 21 de febrero del 2006, de 5027 hectáreas pedidas les declararon 585 hectáreas como zona de reserva, este proceso se llevo a cabo con pronunciamientos de campesinos, mineros e indígenas.

“Así nos cueste la vida nos hacemos respetar” dice Martin Siagama Presidente Consejo regional indígena de Pereira.  Las minas en Quinchia han sido ancestrales es aquí, en estas tierras, donde han vivido las comunidades indígenas hace muchos años, explotándolas artesanalmente por sus propios medios y protegiendo cada rincón de su madre tierra. La posición firme de los indígenas es no ceder.  “Es  riqueza nuestra, la multinacional Anglogold Ashanti negocio nuestras tierras sin avisarnos, para ser exploradas, no queremos que las multinacionales nos dejen en ruinas sin recursos, sin medio ambiente y desolados.” Concluye Siagama.

Al ver cómo iban a ser violados sus derechos las comunidades indígenas hicieron la denuncia para que salieran de exploración de su territorio, todavía se sigue la pelea ya que la tierra es sagrada para sus comunidades y no están dispuestos a permitir que otras personas toquen sus mina “nosotros vivimos de la madre naturaleza la tierra nos da todo, no autorizaremos que exploten nuestras minas que nos irrespeten como comunidad indígena nosotros hemos hecho mucha resistencia pero el estado viola nuestros derechos igual nos tratan de doblegar”. Concluye Martin Siagama

Implementos con los que trabajan los mineros en el municipio de Quinchia, sacandole el jugo por las presion de sus jefes

A esto, La Carder: “Si bien hay una población que tiene ascendencia indígena y tienen carnet indígena no están establecidos como resguardos no tiene porque existir conflicto con ellos al no tener tierras indígenas en Quinchia, al menos en el sector minero” dice el geólogo Gabriel Gonzales.

Según esto los indígenas de Quinchia ante el ministerio del interior no están establecidos como resguardo, por esta razón  las multinacionales no tienen porque preguntarles ni pedir permiso para explorar en sus tierras, las tierras indígenas que por muchos años han protegido y creen propia.

Al preguntar al geólogo de la Carder por la multinacional Anglogold Ashanti  afirma que todo fue muy legal y transparente, que no hubo conflicto de ningún tipo, ayudaron mucho a la comunidad y hace 6 meses salieron del país. Un funcionario más del estado sin memoria, sin ganas de recordar ni traer a colación los conflictos mencionados antes.

 “En este momento no hay personas de la multinacional, ellos se fueron, que no encontraron nada, es que ellos buscan oro en cantidades y supuestamente aquí no hay” afirma Gregorio Bueno, representante legal de la mina de Miraflores.

La multinacional se marcho, con algunas muestras y proyectos. También las carreteras quedaron igual y los mineros siguen en las mismas condiciones.

El tesoro perdido que buscaban, no se encontraba en Quinchia

DATO CURIOSO

En este momento hay 100 jóvenes estudiando joyería en el Sena, el gobierno está apoyando a los jóvenes para que sigan haciendo el trabajo de la minería en su municipio. Se envió un proyecto a Bogotá para empezar a hacer joyas y crear microempresa con los pequeños mineros. Quinchia está a la espera de que algún funcionario del gobierno en Bogotá quiera descubrir de que se trata el proyecto.